Frente a la afirmación de que la inteligencia artificial (IA) y los robots están preparándose para sustituir a gran parte de la mano de obra actual, la mayoría de los profesionales tradicionales –médicos, abogados, contables y otras profesiones liberales– creen que saldrán en buena medida indemnes del cambio tecnológico. Durante nuestro trabajo como consultores y en foros de debate, escuchamos con regularidad a personal médico admitir que mucha parte del trabajo rutinario lo asumirán las máquinas, pero que siempre se necesitará un humano para cualquier trabajo que exija juicio, creatividad y empatía.

Nuestras investigaciones y nuestros análisis ponen en duda la seguridad que tienen esos profesionales. Prevemos que en las próximas décadas las profesiones tradicionales dejarán de ser como las conocemos y sustituirán la mayor parte, aunque no todos, de sus profesionales por personas menos expertas, nuevos tipos de expertos y sistemas de alto rendimiento.

Hemos llevado a cabo cerca de 100 entrevistas con líderes y nuevos proveedores en nueve campos profesionales: salud, derecho, educación, auditoría, fiscalidad, consultoría, periodismo, arquitectura y teología. Nos hemos centrado en conocer lo que realmente se está logrando en la vanguardia de cada uno. También nos hemos sumergido en más de 800 fuentes relacionadas como libros publicados, informes internos y sistemas en línea. Hemos encontrado numerosas pruebas de que ya está ocurriendo un cambio radical en el trabajo.

Recibe más visitas al mes la red WebMD, un directorio de páginas sobre salud y medicina, que todas las consultas médicas de Estados Unidos. Cada año se resuelven sesenta millones de reclamaciones en eBay a través de la “resolución en línea de disputas” en vez de con abogados y jueces. Es el triple de demandas judiciales registradas cada año en Estados Unidos. La autoridad fiscal estadounidense recibió en 2014 solicitudes de devolución de impuestos electrónicas de casi cincuenta millones de personas. Todas confiaron en un programa informático en vez de asesores fiscales. En WikiHouse, una comunidad en línea ha diseñado una casa que se puede imprimir y construir por menos de 50.000 libras (algo más de 56.000 euros y aproximadamente 61.600 dólares). En 2011, el Vaticano aprobó el primer imprimátur digital para una aplicación llamada “Confession” que ayuda a las personas a preparar su confesión.

Creemos que estos son solo algunos de los indicadores tempranos de un cambio fundamental en los servicios profesionales. Dentro de diferentes organizaciones (empresas, escuelas, hospitales), observamos una transición desde las soluciones personalizadas y a medida para cada cliente hacia la estandarización del servicio. La medicina cada vez usa más listas de control, la abogacía se basa en la jurisprudencia y la consultoría trabaja repite y repite las mismas metodologías.

En los últimos tiempos el trabajo ha virado hacia la sistematización, al uso de la tecnología para automatizarlo y, en ocasiones, transformar la manera en que se ejecuta; desde sistemas de flujo de trabajo a la resolución de problemas con técnicas de inteligencia artificial. Además, una vez que la experiencia y el conocimiento profesional se sistematice, se pondrá a disposición a través de internet. En ocasiones como un servicio de pago, otras de manera libre. Pero siempre inspirándose cada vez más en la filosofía del código abierto. Ya existe un buen número de ejemplos en la red.

El argumento de que determinadas profesiones son inmunes frente a la automatización se suele basar en dos supuestos: que los ordenadores son incapaces de emitir juicios, ser creativos o empáticos y que este tipo de atributos son imprescindibles parar realizar el trabajo. El primer contraargumento es empírico. Como nuestra investigación demuestra, a medida que el trabajo se divide en piezas más pequeñas, muchas de las tareas resultantes son rutinas basadas en procesos. No necesitan ni juicio ni creatividad ni empatía.

El segundo contraargumento es conceptual. Insistir en que los resultados de profesionales humanos sólo los pueden lograr seres sensibles creativos y empáticos normalmente se apoya en lo que llamamos la falacia de la IA, la idea de que la única manera de que una máquina supere al mejor humano es copiándolo. El error es no reconocer que los trabajadores humanos ya están viéndose superados por una combinación de potencia computacional bruta, big data y algoritmos brillantes. Estos sistemas no imitan el razonamiento humano. Cuando una máquina derrota al mejor jugador humano, cuando predice la decisión de un tribunal con más precisión que los abogados o cuando evalúa el desarrollo de una epidemia a partir de datos anteriores mejor que un equipo médico, somos testigos de máquinas de alto rendimiento que no piensan.

Nosotros nos inclinamos por abrazar este uso transformativo de la tecnología. Muchas profesiones actuales, tal y como están organizadas, chirrían. Cada vez son más prohibitivas, opacas e ineficientes. Han olvidado aportar valor de manera equitativa al resto de la comunidad. En las economías más avanzadas, cada vez preocupan más el coste cada vez mayor de la sanidad, la falta de acceso a la justicia, las deficiencias de los sistemas educativos y el fracaso de las auditorías para reconocer y frenar diferentes escándalos financieros. Las profesiones necesitan cambiar. Puede que la tecnología les obligue.