No es extraño que la inteligencia artificial se perciba como una amenaza al liderazgo humano. Después de todo, el propósito para desarrollar la inteligencia artificial es precisamente aumentar, mejorar y, finalmente, reemplazar la inteligencia humana, que sigue considerándose como una ventaja competitiva clave, al menos por los humanos. No existen razones para pensar que el liderazgo se librará del impacto de la inteligencia artificial. De hecho, es muy probable que la inteligencia artificial suplante muchos aspectos de los elementos "duros" del liderazgo, aquellos relacionados con el procesamiento cognitivo crudo de hechos e información. Al mismo tiempo, nuestra predicción es que la inteligencia artificial también hará que cobren más importancia los elementos "blandos" del liderazgo: los rasgos de la personalidad, actitudes y compartimientos que permiten a los individuos ayudar a los demás a alcanzar una meta o un propósito común.

El cambio de los elementos duros del liderazgo a los blandos no es algo exclusivo de la era de la inteligencia artificial. Los estudios metanalíticos que revisan 50 años de investigación sugieren que los rasgos de la personalidad como la curiosidad, la extraversión y la estabilidad emocional son el doble de importantes que el coeficiente intelectual (el estándar habitual para medir la capacidad de razonamiento) a la hora de predecir la efectividad del liderazgo.

¿Hasta qué punto podemos confiar en varias décadas de erudición que han tratado de definir las cualidades, rasgos y atributos de este lado blando del liderazgo? Por un lado, el liderazgo ha evolucionado a lo largo de miles de años, aunque sus principios básicos seguramente no han cambiado tanto. Por otro, no podemos negar la potente influencia que los cambios en el ambiente laboral pueden tener a la hora de remodelar las competencias y los comportamientos clave que harán que los líderes sean efectivos o no. En algún punto de nuestra historia, seguramente con la llegada del lenguaje, la perspicacia del liderazgo pasó de ser física a basarse competencias cognitivas, premiando la inteligencia y a la pericia a expensas de la fuerza y la resistencia. De la misma manera, podríamos esperar que la actual revolución de la inteligencia artificial masifique y automatice el aspecto del liderazgo más basado en datos, dejando para los humanos los elementos blandos. Nuestra investigación sugiere que en una era de inteligencia artificial que se caracteriza por una disrupción intensa y cambios rápidos y ambiguos, debemos repensar la esencia del liderazgo efectivo. Algunas cualidades, como los conocimientos profundos del sector, la decisión, la autoridad y el centrarse en tareas a corto plazo, están perdiendo su prestigio, mientras que otras, como la humildad, el saber adaptarse, tener visión e involucrarse constantemente, seguramente tendrán un papel principal en tipos de liderazgo más ágiles. A continuación, vemos más de cerca estas competencias:

Humilidad. En una era de cambios rápidos, saber lo que no sabemos es tan valioso como saber lo que sí que sabemos. Desgraciadamente, los líderes a menudo no se forman sobre nuevas materias debido a la cantidad y variedad de información nueva que se genera diariamente. En la era de la inteligencia artificial, los líderes deben querer aprender y estar abiertos a buscar aportaciones tanto de dentro como de fuera de sus organizaciones. También deben confiar en que los demás puedan saber más que ellos. El conocimiento puede venir de una persona con 20 años menos de experiencia o que esté tres niveles por debajo en la jerarquía de la organización. En la era de la inteligencia artificial, un líder efectivo entiende que el hecho de que alguien con un estatus más bajo o menos experiencia no implica que no pueda realizar aportaciones clave.

Empresas como Nestlé han implementado programas extensos de mentores inversos. Estas iniciativas pretenden institucionalizar el proceso del aprendizaje para aceptar, dar la bienvenida y potenciar los conocimientos de los miembros del equipo, los compañeros y los empleados, para el beneficio de todo el negocio. Ser humilde puede parecer una incoherencia con la necesidad de emanar una imagen de confianza y autoridad. Sin embargo, siempre ha habido una relación muy débil entre la confianza y la competencia real, por eso los verdaderos expertos a menudo son más humildes que los individuos que tienen pocos o ningún conocimiento. Como apuntó el filósofo británico Bertrand Russell en una famosa cita, "el problema del mundo es que los tontos están muy seguros de sí mismos y los inteligentes llenos de dudas".

Capacidad de adaptación. A nivel de empresa, la capacidad de adaptación quiere decir estar listo para innovar y responder a las oportunidades y amenazas según van surgiendo. A nivel individual, quiere decir estar abierto a nuevas ideas, cambiar de opinión, aunque afecte a nuestro ego, y ser capaces de comunicar eficazmente esa nueva opinión a las partes interesadas como compañeros, equipos y clientes. En una era de inteligencia artificial, cambiar de opinión, que a menudo puede ser visto como una señal de debilidad o falta de convicción, debería percibirse como una fortaleza siempre que mejore la toma de decisiones. Los líderes que se adaptan no tienen miedo de cambiar el curso de las cosas cuando la situación lo requiere y pueden enfrentarse a retos y centrarse en aprender en vez de en tener siempre razón.

El director general del BBVA, Carlos Torres Vila, supervisó la transformación de la empresa de un banco físico tradicional a una de las organizaciones de servicios financieros más exitosa de la era digital. Respondió a la interrupción de la industria adoptando una cultura de transformación que fomenta la agilidad, la flexibilidad, el trabajo cooperativo, el espíritu emprendedor y la innovación.

Visión. La visión siempre ha tenido un papel importante en el liderazgo efectivo. Sin embargo, en la era de la inteligencia artificial caracterizada por tecnología rápida y cambios en los modelos de negocios, tener una visión clara es todavía más importante, ya que cada vez hay más dudas entre seguidores, subordinados y empleados sobre los objetivos de cada uno, qué debe hacer y por qué. Los líderes con una visión clara tienen respuestas convincentes y significativas para estas preguntas y son capaces de comunicarlas mejor. Además, la visión permite a los líderes implementar las transformaciones organizativas necesarias sin ceder frente a intereses a corto plazo.

Muchos líderes de los gigantes digitales de hoy en día, como Amazon, Tesla, Facebook, Tencent, Alibaba y Google han articulado claramente las visiones de sus organizaciones, incluso con muchas incertidumbres a corto plazo.

Compromiso. Por último, para tener éxito en la era de la inteligencia artificial, un líder debe mantenerse constantemente involucrado en el entorno que le rodea para estar en sintonía con él y adaptarse a las señales en vez de al ruido y detectar posibles amenazas (nuevos competidores) o apoyos (socios potenciales). Los líderes ágiles deben estar comprometidos, pero también deben encontrar maneras de inculcar ese compromiso a sus equipos, especialmente en momentos duros cuando el camino se convierte en un reto.

Este compromiso tan necesario en la era de inteligencia artificial puede alcanzarse cada vez con más sencillez gracias al uso de herramientas digitales. Por ejemplo, el gigante de comercio en línea Zalando ha implementado una variedad de herramientas digitales para que los directivos puedan capturar y responder a los temas de interés de todos los empleados. Estas incluyen zTalk, una aplicación de chat en vivo; zLive, un intranet social de toda la empresa; y zBeat, una herramienta que pregunta regularmente a los empleados sobre sus experiencias laborales actuales.

¿Implica todo esto que el liderazgo es radicalmente distinto en la era de la inteligencia artificial? No, pero sí hay dos diferencias clave. La primera es que las competencias duras de los lideres seguirán siendo eclipsadas por las máquinas inteligentes mientras que las competencias blandas serán más importantes que nunca. La segunda es que, mientras que rasgos atemporales como la integridad y la inteligencia emocional seguirán siendo importantes, los líderes deben aprender a ser humildes ante a las contribuciones de otros, adaptarse a los nuevos retos que van surgiendo en el camino, ser firmes en cuanto a su visón y objetivos e involucrarse constantemente en el mundo cambiante que los rodea.