Los efectos del cambio climático han excedido nuestra experiencia colectiva y requieren un tipo de compromiso radicalmente distinto al llevado hasta ahora por parte de los equipos directivos del sector privado. Las amenazas que plantea para los negocios, el mercado y, por supuesto, el capitalismo son peculiarmente difíciles de detectar para la mayoría de los equipos, y mucho más actuar frente a ellas.

Nuestros cerebros evolucionaron para responder reflexivamente a las amenazas inmediatas, pero ignoran o minimizan las crisis sistémicas que se nos acumulan. Estas dinámicas del mercado se comportan como remolino en el agua o como un torbellino en el aire. Cuando un torbellino está comenzando a formarse es prácticamente invisible a no ser que tenga una visión periférica excelente y sepa lo que está buscando. En esta fase, las cosas que mueven a un ritmo decepcionantemente lento. Incluso las embarcaciones (o proyectos) mejor diseñados se ven arrastrados irremediablemente a la zona de peligro. Entonces, de repente, se encuentran en un punto de no retorno.

Esta clase de dinámicas lentas (y exponenciales) dan lugar a lo que llamamos el torbellino del carbono. Imagine los tres principales huracanes fotografiados desde el espacio en otoño de 2017 en una única e incomparable imagen de la NASA. Piense a su vez en la predicción de que las emisiones de dióxido de carbono, en vez de disminuir, seguramente habrán aumentado un 2% en 2017, en parte debido al crecimiento económico de China, alimentado por el carbón.

Mientras el torbellino de carbono coge impulso, también hay pruebas de un torbellino igual y contrario que nos empuja hacia la innovación revolucionaria y un futuro más sostenible. Recuerde el compromiso histórico del fondo soberano noruego de inversión de reducir la explotación de la industria del carbón o a Siemens explicando que las grandes reducciones de plantilla planificadas para su negocio de turbinas de gas se deben en parte al boom de la energía renovable. GE, que decidió jugársela con el carbón, pese a la plataforma "Ecomagination" de la que tanto alardeaba, ahora se encuentra en las mismas aguas revueltas del mercado y ha acabado con cientos de puestos de trabajo en su división de energía.

Está claro que gran parte del mundo se encuentra en un punto de inflexión del mercado, en el que temas que antes se veían como secundarios se convierten en dominantes.  Como Generation Investment Management afirmó en "The Transformation of Growth", su libro blanco de 2017, “la revolución de la sostenibilidad parece tener la escala de la Revolución Industrial o la Revolución Agrícola y la velocidad de la Revolución de la Información. En comparación con estas tres revoluciones previas, la Revolución de la Sostenibilidad será probablemente el acontecimiento más importante de la historia económica.”

Los cambios a este nivel pueden ser difíciles de entender, así que me gustaría ofrecer cuatro pasos claros para ayudar a su equipo a tomar las riendas, detectar el potencial claro positivo entre las nubes negras y, con el tiempo, aprender a “hablar del carbono” con una creciente fluidez:

1. Zambúllase en los datos. “Incluso un torbellino es un torbellino de algo más,” dijo George Bernard Shaw. “No podemos tener un remolino sin agua y no podemos tener un torbellino sin aire”. Así que, ¿en qué medio se está formando el torbellino del carbono? Mirando a nuestro alrededor, queda claro que se está formando en muchas áreas, entre ellas, los ámbitos de la ciencia, la tecnología, los modelos de negocios y, fundamentalmente, el dinero. Absorba los datos.

Los mercados de capital pueden haber tardado en involucrarse, pero el ejemplo noruego anteriormente expuesto sugiere una aceleración. El creciente número de indicios ahora muestra una trayectoria. Tenga en cuenta el trabajo de Carbon Tracker sobre los crecientes riesgos de activos bloqueados y la espiral de la muerte que afecta al carbón. Observe también el índice de economía de carbono reducido de 2017 de PwC, que monitoriza la tasa de la transición de emisiones reducidas de carbono en cada una de las economías del G20. Los mayores resultados en 2016 fueron de China y Reino Unido, que redujeron la intensidad del uso de carbono en un 6,5% y un 7,7%, respectivamente. Sigue habiendo excepciones, pero sus trayectorias muestran a dónde nos llevara el torbellino del carbono, seguramente.

2. Embárquese en un largo viaje. Un creciente número de equipos están realizando “viajes educativos” en los que visitan regiones y organizaciones que están a la vanguardia del cambio, normalmente guiadas por organizaciones como Leaders Quest. Si planeáramos un viaje así para 2018, podríamos incluir la sede de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés) en París, por su trabajo para identificar los vínculos entre las emisiones de dióxido de carbono y el PIB, y el gobierno del Reino Unido en Londres, por su presupuesto nacional de carbono y por su reciente compromiso de mejorar el coeficiente de intensidad de emisiones del país.

En otra parte del mundo, podríamos visitar Tesla y la Fundación X-Prize en California, éste último por su Carbon X Prize, con un creciente énfasis en el papel de los mercados financieros. Querríamos visitar el Centro para la Eliminación de Carbono de Noah Deich, por su trabajo sobre la nueva economía del carbono, y a Bernard David, por sus aportaciones a la Iniciativa Global de CO2, que destaca los sectores más intensos en carbono: cemento y hormigón y hierro y acero, especialmente en China. Estas son las personas que más están presionando para conseguir enormes mejoras en nuestras emisiones de dióxido de carbono y estrategias para su reducción. También estaremos pendientes del Proyecto de Economía Futura de HBR.

3. Piense bien y aumente el precio del carbón. Si queremos cumplir con las promesas climáticas realizadas bajo el acuerdo de París, el coste de emitir dióxido de carbono debe aumentar a entre 50 y 100 dólares (entre 40 y 81 euros aproximadamente) por tonelada para 2030, un precio más alto que el actual en la Unión Europea (UE), de menos de 6 dólares (unos 4,86 euros). Ésta fue una de las conclusiones de la Comisión sobre Precios de Carbono, un grupo de economistas destacados apoyado por el Banco Mundial. Ya existe un grupo de más de 200 compañías y gobiernos, entre ellos las grandes petroleras Shell y BP, que apoyan la demanda de un proyecto mundial de precios de carbono.

Mientras tanto, para ayudar a disminuir el precio de la energía renovable, más de 100 empresas, entre ellas, Google, Unilever, y Tata Motors, se han unido a la plataforma del Grupo Climático RE100, que comparte un caso de negocio para pasar a una electricidad 100% renovable y enfrentarse a las barreras que supone este cambio. Plantéese unirse. 

4. Invierta el torbellino. Es fácil asustarse con las espirales descendentes, y un acto reflejo fácil es demonizar el carbono, pero corremos el riesgo de cegarnos ante los aspectos más mágicos de este elemento, que es la base de la vida en la Tierra. Tenemos que repensar nuestra relación con el carbono, aunque no es casualidad que a la gente le guste escuchar a Noah Deich hablar de una nueva economía del carbono. El carbono no desparecerá, de hecho, será una parte integral de la economía circular.

Entre los que trabajan para imaginar desde otra perspectiva el carbono, encontramos a Paul Hawken con su plataforma Project Drawdown, considerada “el plan más completo  propuesto hasta el momento para revertir el calentamiento global”, y la empresa fabricante de losetas de moqueta Interface, con su ambiciosa estrategia Climate Take Back.

Esta perspectiva también está promovida por el Carbon Productivity Consortium, presentado por la empresa de materiales alemana Covestro. Su objetivo es encontrar la mejor manera de invertir un presupuesto global de carbono cada vez más apretado para conseguir beneficios económicos, sociales y medioambientales mejorados. Este consorcio ha lanzado una herramienta de productividad del carbono para ayudar a las empresas a dar los primeros pasos. Sus cuatro cambios forman las siglas RIPL en inglés: reacoplar, mejorar, diseñar el producto y el modelo de negocio y volver a comenzar. Hasta ahora, la herramienta se centra en combustibles fósiles, pero deberá expandirse para incluir el ciclo completo del carbono.

Incluso las mayores olas de cambio comienzan con tan solo unas pequeñas ondas. Necesitará una estrategia a larguísimo plazo para encontrarle el sentido empresarial al torbellino de carbono, pero la única manera de conseguirlo es empezar por algún sitio hoy.