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Saber, y poder, adaptarse al impacto del cambio climático producido por los humanos es uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan hoy las ciudades de todo el mundo. Más del 80 % de la población de Estados Unidos y el 50 % de la población mundial viven en ciudades, muchas de las cuales se encuentran además en zonas costeras, de las más vulnerables frente al cambio climático.

¿Cómo debe plantearse entonces la planificación urbana? ¿Deben desarrollarse planes de "amplio alcance" que aborden múltiples problemas comunitarios, como el uso del suelo, la sostenibilidad y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero? O, por el contrario, ¿se debe apostar por planes más específicos como, por ejemplo, los de mitigación de riesgos centrados en amenazas naturales como inundaciones, huracanes y olas de calor? ¿Conviene trabajar en planes de adaptación centrados solo en reducir el impacto del cambio climático, el cual suele exacerbar los riesgos naturales ya existentes?

En un reciente estudio publicado en Journal of Environmental Planning and Management, nos propusimos ayudar a responder a esta pregunta. En concreto, buscábamos discernir si comenzar con un enfoque más restrictivo podría suponer algún beneficio.

Identificamos más de 200 ciudades de EE. UU. que han incorporado de alguna manera la lucha contra el cambio climático en su planificación urbana. Para ello, decidimos centrar nuestra investigación en las 51 ciudades cuyos planes urbanísticos dedican al menos un capítulo a la adaptación al cambio climático. Las ciudades estadounidenses tenían un interés particular para nosotros, sobre todo dadas las diferentes formas en que cada localidad percibe y reacciona frente a los efectos del cambio climático.

Urbes contra el cambio climático

Las ciudades suelen tener redes de planes, que consisten en planes individuales centrados en aspectos concretos como el uso del suelo, los sistemas de transporte, la gestión de emergencias, la sostenibilidad, las zonas verdes, la reducción de los gases de efecto invernadero (también conocidos como Planes de Acción Climática) y muchos más. Casi todas las ciudades importantes de los Estados Unidos también tienen un plan de mitigación de riesgos: la Ley de Mitigación de Desastres de 2000 (DMA, por sus siglas en inglés) lo exige para poder percibir determinados fondos de ayuda frente a desastres. Los planes locales de mitigación de la DMA deben identificar los riesgos naturales existentes (inundaciones, huracanes y olas de calor, por ejemplo), establecer objetivos a largo plazo y crear una lista de acciones prioritarias para reducir sus posibles consecuencias.

Durante el estudio, identificamos si el plan relacionado con el cambio climático de cada ciudad buscaba un gran enfoque u otro más limitado, el número de referencias cruzadas dentro del plan a otros planes relevantes, y el número de acciones prioritarias centradas en el uso del suelo para mitigar los posibles riesgos. Para hacerlo, utilizamos un análisis de contenido sistemático en el que codificadores capacitados midieron la presencia o ausencia de esas características en ell plan. Después, comparamos los planes de amplio alcance con los de alcance limitado para identificar cualquier patrón de diferencia.

Nuestros hallazgos muestran beneficios claros al comenzar con una apuesta más limitada, sobre todo si presta especial atención a la relación entre cambio climático y desastres naturales. En promedio, los planes de alcance limitado tenían referencias cruzadas a una proporción mayor de la red existente de planes urbanísticos en la ciudad; también incluían más indicaciones sobre el uso efectivo del suelo para reducir los riesgos a largo plazo. La planificación del uso del suelo aleja el desarrollo y las nuevas promociones de las zonas de peligro al mismo tiempo que conserva las características del entorno natural, como los humedales, que retienen las crecidas y se han revelado como la forma más prometedora para reducir los riesgos del cambio climático a largo plazo. No obstante, la investigación también muestra de forma recurrente que la mayoría de las ciudades no utilizan de forma adecuada el ordenamiento del territorio para reducir el riesgouna realidad impulsada por las inundaciones en Tejas (EEUU) a raíz del huracán Harvey.

Estas conclusiones pueden parecer contradictorias para los urbanistas municipales así como los contrarios al cambio climático, tanto unos como otros podrían pensar que tomar medidas más específicas y centradas en aspectos concretos no es suficiente para enfrentarse a los grandes desafíos que presenta el cambio climático. Sin embargo, adoptar un enfoque concreto y localizado no impide seguir con planes más ambiciosos en el futuro.

Otros factores adicionales sostienen nuestra conclusión sobre el valor de un enfoque concreto y particular como punto de partida para muchas ciudades. Primero, la mayoría de ciudades de todo el país ya cuenta con un plan de mitigación de riesgos gracias a las decisiones y proyectos locales para cumplir con la DMA estadounidense. Estos planes pueden ser un buen punto de partida para cualquier planificación contra el cambio climático. En segundo lugar, en demasiados lugares, hablar de cambio climático sigue siendo un foco de tensión política. En estos lugares, sin embargo, la planificación de la adaptación puede ocurrir dentro del marco de la mitigación de riesgos e intentar evitar parte de los exabruptos que limitan la planificación proactiva a largo plazo.

Una carrera contra el cambio climático

Nuestra investigación también muestra que la mayoría de las ciudades estadounidenses aún no han comenzado a planificar cómo adaptarse al cambio climático. Sin embargo, una variedad de factores convergentes aseguran que la planificación climática local se acelerará en el futuro cercano.

Eventos como los huracanes Harvey, Irma, María y los incendios forestales del norte de California (EE. UU.) centran la atención pública en la conexión entre desastres individuales y el cambio climático. Estos grandes desastres, junto con las temperaturas récord que se producen en una ciudad tras otra, año tras año, y las llamadas inundaciones de 100 años y de 500 años que golpean a innumerables barrios en contra de todas las previsiones estadísticas, casan por completo con las predicciones del cambio climático. Cada año que pase, el cambio climático solo exacerbará aún más dichos peligros.

En segundo lugar, la realidad política actual de EE. UU. sugiere que la acción climática a nivel estatal y federal es poco probable.

Finalmente, los impactos del cambio climático pueden ser particularmente omnipresentes en las ciudades: daños en infraestructuras de transporte y servicios, una mayor demanda de aire acondicionado, la necesidad de reubicar y reforzar viviendas e instalaciones comerciales y, entre otros más, una mayor presión sobre los servicios de salud pública.

A la vista de todas estas tendencias, es muy probable que las ciudades tengan que redoblar sus esfuerzos e innovación frente al cambio climático.