Huber & Starke/Getty Images

"Recuerda siempre: tu concentración determina tu realidad". El Maestro Jedi Qui-Gon Jinn da este consejo al joven Anakin Skywalker en La Guerra de las Galaxias, pero, en nuestro mundo de trabajo hiperdistraído, es un consejo que todos debemos escuchar.

La tecnología ha marcado sin duda alguna el progreso de muchas formas. Sin embargo, la tecnología también nos ha conducido a entornos de trabajo que ahogan a las personas con una lluvia incesante de correos electrónicos, reuniones y distracciones. En 2010, el entonces CEO de Google, Eric Schmidt, compartió una de sus preocupaciones en este sentido con el resto del mundo: "Cada dos días, generamos tanta información como la creada desde los albores de la civilización hasta el año 2003. Paso la mayor parte de mi tiempo suponiendo que el mundo no está preparado para la revolución tecnológica que pronto ocurrirá". ¿Somo realmente capaces de procesar el enorme volumen de información, estímulos y otros tipos de distracciones que nos llega todos los días?

Una cantidad considerable de investigaciones ha esbozado las consecuencias y los problemas que implica esta avalancha de información. Un trabajo de la Universidad de Londres (Reino Unido), por ejemplo, revela que nuestro cociente intelectual se reducen entre cinco y quince puntos cuando realizamos varias tareas a la vez. En su libro, Your Brain at Work, David Rock explica que el rendimiento de una persona puede disminuir hasta en un 50 % cuando se centra en dos tareas mentales a la vez. Asimismo, la investigación dirigida por el legendario profesor de la Universidad de Stanford (EE. UU.) Clifford Nass concluyó que las distracciones reducen la capacidad del cerebro de filtrar y desechar lo irrelevante en su memoria funcional.

No existe ninguna solución mágica para resolver los complejos problemas que surgen en la era de la información. No obstante, sí que existen algunos buenos lugares por los que empezar. Uno de ellos, de hecho, resulta contradictorio: la soledad, la capacidad de estar a solas. Tener la disciplina de alejarse del ruido del mundo es esencial para mantener la concentración. Lograrlo resulta aún más importante en una sociedad altamente politizada y en la que continuamente se apela a nuestras emociones, lo que provoca que los efectos cognitivos de las distracciones se prolonguen. En nuestro libro, Lead Yourself First, Ray Kethledge y yo definimos la soledad como un estado mental, un espacio en el que centrarse en los pensamientos propios de uno mismo sin distracción, un espacio donde la mente puede resolver un problema por sí misma.

La capacidad de concentrarse, por tanto, es una ventaja competitiva en el mundo actual. Aquí van algunas ideas sobre cómo mantener la concentración en el trabajo:

Incorporar períodos de soledad en la agenda

Trátelos como cualquier reunión o cita. Si no programa y se compromete a tener un momento para estar a solas, otras cosas ocuparán el momento. No hace falta ser Henry David Thoreau; períodos de soledad de 15 minutos ya resultan muy efectivos. Si pasamos todo un día de trabajo sentados en reuniones y respondiendo a correos electrónicos, nos queda más bien poco tiempo para dejar "libres" nuestras mentes, para abordar los pensamientos más difíciles; algo básico para tomar buenas decisiones y liderar.

Analizar dónde se aprovecha mejor el tiempo

La mayoría tenemos reuniones a las que podemos permitirnos faltar; la mayoría infrautilizamos nuestra energía porque no hemos reservado tiempo para reflexionar y ser rigurosos con nuestras prioridades.

Matar de hambre a las distracciones

Las redes sociales, YouTube y las posibilidades ilimitadas de internet penden sobre nuestras cabezas. Nos tientan a hacer clic en enlaces que nos llevarán a otro video o artículo de cinco minutos. Identifique las formas en las que internet le seduce y luego intervenga. Cerrar la sesión de una red social y bloquear determinadas páginas web durante las horas de trabajo es un buen comienzo, sobre todo aquellas que utiliza cuando "le sobran 10 minutillos".

No estar tan ocupado para aprender a estar menos ocupado

Una de las principales razones por las que nos cuesta centrarnos en lo que hacemos es que llenamos nuestros horarios con demasiados compromisos y priorizamos de forma sistemática lo urgente por delante de lo importante. Existen oportunidades de capacitación y desarrollo de liderazgo para mejorar la capacidad de comprenderse mejor a uno mismo, para reflexionar y mejorar. No permita que el ritmo de trabajo frene las buenas oportunidades de desarrollo y mejora que tenga (de vez en cuando al menos).

Crear una lista de "dejar de hacer"

Las  horas del día son las que son. A medida que crece su lista de tareas pendientes, no puede seguir acumulando otras nuevas. Los momentos de soledad le brindan la oportunidad (y el tiempo) para reflexionar sobre cómo y dónde aprovechar mejor su tiempo. Es decir, le brinda la claridad y las claves para decidir a qué reuniones debe dejar de acudir, a qué comités debe renunciar y qué invitaciones debe rechazar con amabilidad. Esto es algo que Jim Collins, el autor de Good to Great, aconseja desde hace muchos años años.

El volumen de las comunicaciones que mantenemos y el acceso ilimitado a la información y otras personas han hecho que resulte más difícil que nunca concentrarnos en lo que sea que hagamos. A pesar de ello, también hay otra verdad: aún existen oportunidades para centrarnos en nuestro trabajo. Pero necesitamos reconocerlas y creer que los beneficios de concentrarse, tanto para usted como para las personas a su cargo, merecen la pena. En otras palabras, antes de que pueda liderar a otras personas, la primera persona a la que debe hacerlo es a usted mismo.