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Las calorías vacías de los refrescos son el enemigo público número uno en la lucha contra la obesidad, y los impuestos sobre las bebidas azucaradas son una herramienta cada vez más popular entre los gobiernos locales que esperan frenar el consumo.

Los impuestos estatales y federales sobre el tabaco y el alcohol han ayudado a reducir su consumo; los gobiernos locales simplemente están asumiendo que un impuesto sobre las bebidas azucaradas funcionará de la misma manera. La idea es que si los refrescos son más caros, alentará a los consumidores a beber menos. Pero eso solo sucede si los minoristas transfieren el coste adicional a sus clientes, algo que no siempre ocurre.

Por ejemplo, Berkeley, California, fue la primera ciudad de EE. UU. en aprobar un impuesto sobre los refrescos a los distribuidores –un impuesto de un céntimo de dólar por onza (algo menos que un céntimo de euro por 28 gramos) que se implantó en marzo de 2015. Pero nuestra investigación estimó que este impuesto redujo el consumo de calorías entre los bebedores de refresco en Berkeley en unas pocas calorías al día. Descubrimos que gran parte del coste del impuesto no se transfiere a los consumidores y el consumo no disminuye de manera significativa.

Menos de la mitad de los supermercados cambiaron el precio del refresco en respuesta al impuesto y los precios en las cadenas de ultramarinos no cambiaron en absoluto; tampoco lo hizo el consumo. En promedio, alrededor del 20% del impuesto se transfirió a los consumidores de supermercados. Aunque hay algunas pruebas de que el impuesto redujo la consumo de refrescos en los supermercados, estos efectos no son sólidos; no podemos estar seguros de que existan. Además, estimamos que la mitad del consumo reducido que encontramos se compensa con un mayor consumo al comprar en un supermercado cercano que no está sujeto al impuesto.

Para evaluar los resultados en Berkeley con relación a lo que hubiera sucedido si no se hubiera aplicado ningún impuesto, comparamos la ciudad de Berkeley con otros lugares similares que no tienen un impuesto a las bebidas gaseosas. Utilizamos los datos del escáner Nielsen de 2013 a 2015 para observar millones de precios antes y después de que el impuesto entrara en vigor.

Comparamos los cambios de precios y consumo para las siete tiendas en Berkeley con docenas de tiendas del estado de California (EE. UU.) que no están en el Área de la Bahía (EE. UU.) y docenas más fuera del estado, igualando las tiendas según las tendencias de precio y cantidad antes de implementar el impuesto. Era importante ir más lejos para tener un grupo de control adecuado, porque las tiendas cercanas a Berkeley podrían verse afectadas por las respuestas estratégicas al impuesto de los distribuidores, minoristas o consumidores.

A menudo se supone que el éxito de los impuestos estatales y federales sobre el tabaco y el alcohol se puede replicar en los impuestos locales sobre los refrescos. Pero los impuestos municipales son diferentes de los impuestos estatales y nacionales. Es fácil evitar los impuestos a las bebidas azucaradas de la ciudad si los consumidores pueden comprar refrescos fácilmente fuera de la ciudad, como lo hacen en Berkeley, donde la mayoría de los trabajadores viajan fuera de la ciudad para trabajar.

El refresco también es diferente del tabaco y el alcohol y se vende de manera diferente. Muchos consumidores compran refrescos regularmente como parte de sus compras semanales y los minoristas que enfrentan impuestos municipales probablemente estén preocupados por perder las ventas de refrescos, así como también las ventas de las cestas de la compra de muchos de sus clientes que prefieren comprar en un solo lugar e ir a otro lado para encontrar refrescos baratos. Descubrimos que a los minoristas de cadenas comerciales les gusta cobrar los mismos precios en todas sus tiendas, así que no pueden cambiar los precios en respuesta a un impuesto que solo afecta a algunos de ellos.

A los minoristas también les gusta cobrar el mismo precio por productos similares, como refrescos de dieta y refrescos regulares, pero el impuesto de Berkeley solo afectó al refresco regular. Por lo tanto, los minoristas pueden optar por absorber el coste del impuesto sobre los refrescos regulares a fin de mantener el mismo precio tanto para los de dieta como para las versiones regulares. Los precios de las marcas de las tiendas en particular no se vieron afectados por el impuesto.

Otros estudios han encontrado resultados diferentes, incluyendo que las tiendas transfieren más del coste del impuesto a los consumidores, como lo intentaron los legisladores. Pero algunos de ellos usaron instantáneas únicas de los precios antes y después del impuesto, así que podrían confundir las variaciones estándar en los precios, por ejemplo: las debidas a promociones con los cambios en los precios promedio debido al impuesto. También hicieron una muestra de los precios de productos seleccionados. Otro estudio utilizó datos de escáner para tiendas locales compradas recientemente por una cadena nacional. Estos estudios se basaron en comparaciones con tiendas cercanas que pudieron haber sido afectadas por el impuesto. Utilizamos datos completos que incluyen millones de observaciones durante cientos de días para el conjunto completo de productos.

Los responsables de las políticas no pueden suponer que estos impuestos funcionarán de la misma manera en todos los lugares. Desde que se introdujo el impuesto en Berkeley, se han introducido impuestos similares en las ciudades más grandes –como Filadelfia (EE. UU.) y Chicago (EE. UU.)– con diferentes perfiles socioeconómicos. Puede ser que sus residentes no puedan evitar fácilmente el impuesto comprando fuera de la ciudad y esto podría causar que los minoristas tomen decisiones diferentes sobre si se deben aplicar los aumentos de precios. Si los precios se fijan para ser consistentes dentro de áreas grandes, los impuestos en las ciudades más grandes o los impuestos estatales pueden ser más efectivos para aumentar los precios en los comercios minoristas y frenar el consumo de bebidas azucaradas.

Si el consumo no disminuye, el impuesto a las bebidas azucaradas puede ser ineficaz para mejorar la salud. Incluso si genera nuevos ingresos para el municipio, esos aumentos de ingresos podrían perderse al disminuir las ventas si el impuesto impulsa a las personas a comprar fuera de la ciudad.