Más de la mitad de los estadounidenses se sienten "explotados o agobiados al menos parte del tiempo" y el 70 % afirma "soñar a menudo con tener otro trabajo", según un reciente estudio del Instituto para la Familia y el Trabajo de Estados Unidos. Son muchos trabajadores descontentos, muchos trabajadores que podrían decidir dimitir y abandonar sus puestos. Sin embargo, mi investigación demuestra que dejar el trabajo puede ser una decisión precipatada, lo que podría necesitar es parar un momento y recalibrar sus preferencias y necesidades.

Existen muchas probabilidades de que, si decide dar el salto a otro puesto o una nueva organización, sea lo que sea lo que le cause problemas, podría mantenerse. Hacer una pausa –algo que yo defino como cualquier cambio intencionado de comportamiento– le permitirá levantar la cabeza, evaluar su situación objetivamente y cambiar su actitud, modo de pensar y emociones.

Hacerlo no implica necesariamente romper de forma radical con su rutina; podría bastar con que al llegar a casa del trabajo se proponga pasar 20 minutos de tiempo de calidad con su pareja o un ser querido, con proponerse respirar profundamente seis veces cada mañana y estar totalmente presente al llegar al trabajo. Incluso las pausas pequeñas pueden ayudar.

Aquí describo unas señales que podrían indicarle que necesita incorporar más pausas a su vida profesional:

  • Antes le encantaba su trabajo y ahora lo odia. Es posible que la presión de su rol en la empresa le infundiera energía al principio pero ya no crea que merece la pena. Puede que esté atravesando un bache. Sentirse quemado es una señal de que debe tomar nota de lo que no está funcionando y realizar cambios.
  • Alguien le informa de que las cosas no van bien. Podría ser una indirecta de pasada o un golpe directo: no haber cumplido con su cuota o que la nueva estrategia que elaboró haya dado mal resultado.
  • Un familiar o compañero preocupado interviene para separarle del trabajo y la tecnología. Resulta fácil engancharse con lo que uno hace, pero cuando empiece a afectar a su bienestar y relaciones, sus seres queridos se darán cuenta.
  • Se enfrenta a un gran cambio o reto vital. El cambio es inevitable, y puede representar un punto de inflexión natural que sirva para estudiar sus opciones y alinearse con lo que le importa.
  • Surge una nueva oportunidad. Recibe una oferta de trabajo irresistible o una invitación para participar en un proyecto o viaje personal. Podría necesitar hacer una pausa para averiguar cuánto desea emprender ese nuevo rumbo, sobre todo si los riesgos son altos.

Una vez que haya determinado que necesita parar, la siguiente pregunta es cómo hacerlo. Un error común consiste en tomar un descanso para poder pensar en algo. En algunos casos, resulta útil reflexionar mientras se hace esta pausa y plantearse preguntas que no haya tenido tiempo de contemplar debido a su ajetreada vida. ¿Qué podría hacer de forma distinta? ¿Cómo podría cambiar o actuar para lograr que su rol actual se alinee más con la manera en la que quiere trabajar y vivir? ¿Hay que trazar nuevos límites? ¿Hay responsabilidades que deba asumir o delegar? Sin embargo, el propósito de las pausas es alejarse de las actividades cotidianas para no centrarse en lo que domina sus pensamientos. En su lugar, puede ser preferible simplemente disfrutar del presente, no reflexionar sobre ningún tema concreto y dejar que las respuestas surjan por sí solas.

Hay tres pasos para planificar una pausa. Primero, apunte algunas ideas a priori sobre su situación: qué sucede, qué no funciona, cuáles son los desafíos, qué medida quiere tomar, etc..

Después, defina una intención. ¿Qué busca sacar de la pausa? ¿Cómo quiere sentirse al final? Un estudio publicado por la revista Psychological Science demostró que distanciarse de un desafío y adoptar la perspectiva de un observador puede mejorar su razonamiento, lo que daría paso a mejores ideas y soluciones que no se le habrían ocurrido antes.

El tercer paso consiste en planificar cuánto tiempo durará la pausa y qué hará durante. Es posible que no sepa cómo quiere gastar ese tiempo, así que tampoco pasa nada por dejar que su pausa avance de manera orgánica. Las minipausas diarias, varias veces a lo largo del día incluso, representan una forma genial de empezar si la situación en el trabajo no es demasiado mala. También puede hacer una pausa al levantarse de la silla cada 90 minutos, salir al aire libre durante el descanso de la comida, dar un paseo y reservar una franja de tiempo durante el que no comprobará sus dispositivos digitales. Si realmente le falta tiempo, entonces podría pasar cinco minutos en su mesa con un sencillo ejercicio: controlar su respiración y contar cada inhalación y exhalación hasta llegar a diez.

Una pausa también puede ser una actividad que dure todo un día. Visite algún lugar que le aporte paz mental y alegría a su jornada. Vaya a donde vaya, fíjese en los colores, las texturas y el entorno en general. Puede plantearse mantener un "libro de pausas" o diario para documentar sus experiencias.

Otras pausas podrían incluir hacer algo que le saque de su zona de confort como tomar una clase, entrenar al equipo deportivo de su hijo o hacer un viaje sorpresa de fin de semana o de día con un ser querido.

Si dispone de más tiempo, considere hacer una pausa de una semana. La mayoría de nosotros comprendemos los beneficios de disfrutar de unas vacaciones, pero aun así muchos de nosotros no gastamos todas nuestras vacaciones por temor a la acumulación de trabajo durante nuestra ausencia. Según una encuesta realizada en 2015 por Creative Staffing Group, el 72 % de los ejecutivos no disfrutarían de más días de vacaciones aunque fuesen ilimitados. Sin embargo, alrededor de uno de cada cuatro (39 %) cree que el rendimiento realmente aumentaría si los trabajadores disfrutaran de más días de vacaciones. Los beneficios de volver al trabajo descansado tras una pausa compensan la ausencia y a menudo dan paso a más creatividad y menos estrés. El aumento de los niveles de distracción y dopamina pueden ayudar de hecho a tener nuevas ideas, según indican varias investigaciones neurocientíficas.

Si está considerando dejar su trabajo, le invito a realizar una pausa primero y explorar cómo podrían cambiar las cosas sin esa medida. Si se siente quemado o agobiado, hacer una pausa prolongada durante varias semanas representa otra opción que podría ayudarle a tomar perspectiva desde fuera de su rutina diaria. Podría llevarse una agradable sorpresa y darse cuenta de que lo único que necesitaba era un cambio intencionado para realinearse y experimentar las cosas de forma distinta.