Mucha gente se muestra reacia a salir de sus roles y rutinas habituales. La idea de enfrentarse a un posible el fracaso puede dar miedo o generar estrés. Pero a veces lo que nos mantiene estancados no son nuestros propios intereses. Los deseos de los demás y el sentimiento de que uno "debería" quedarse quieto donde está pueden aplastar nuestras propias preferencias. Lo que nos limita puede ser la complacencia, no la comodidad.

He observado esto muchas veces durante mis investigaciones. La gente persigue un camino en la vida, influida por su cultura, sus padres o un sentimiento de lo que "debería" perseguir. Esto la lleva a invertir tiempo, dinero y a desarrollar aptitudes en un camino del cual le resulta muy difícil escaparse.

Por ejemplo, considere el caso de alguien a quien entrevisté, llamémosla Carla. Desde pequeña, a Carla le interesaba el arte. Como niña, le encantaba leer y escribir y de adulta era una lectora voraz y le encantaba el arte contemporáneo, el teatro y la danza. Sin embargo, sus padres le dijeron que debería buscar un empleo más convencional, por lo que empezó a considerar estos intereses como simples aficiones, algo a lo que dedicaría tiempo cuando lo tuviese. Mientras tanto, se metió en una carrera de derecho.

No odiaba el derecho, pero tampoco se había entregado a él en cuerpo y alma. En algún momento, a pesar de sus muchos años de educación y de practicar la abogacía, decidió dar el salto y probar otra cosa: convertirse en una emprendedora de arte alternativo.

Su transformación no se produjo de la noche a la mañana, y vino acompañada por un torbellino de emociones. Sentía alivio, pero también miedo, intimidación y un poco de culpa. Conocía el derecho, era un sector cómodo, predecible y, sinceramente, se le daba bien. Pero el arte era su pasión, y con el tiempo, mientras realizaba la transición, al principio poco a poco y después de cabeza, su pasión despegó. Hoy, se siente feliz, realizada, profundamente creativa y vive la vida que siente que tenía que vivir. Esa sensación de liberación y realización no ha hecho más que aumentar, seis años después, mientras sigue intentando catalizar el escenario del arte clandestino.

Esta sensación de libertad no se limita a los cambios en su carrera. He detectado un fenómeno parecido en gente a la que he ayudado a adaptarse a comportamientos interculturales, especialmente en personas que sentían que en su cultura nativa tenían que ahogar su personalidad y comportamientos para conformarse a las normas locales. Cuando se vieron liberadas de estas normas y en una cultura diferente, por fin podían ser ellas mismas. Veo esto con algunos alumnos de MBA a los que no se les permitió hablar durante las clases en sus países nativos porque nadie quiere contradecir al profesor, algo que simplemente no forma parte de la cultura. Pero en las aulas estadounidenses pueden liberar ese lado. Pueden levantar la mano, expresar sus opiniones libremente, cuestionar la autoridad y, sobre todo, ser ellos mismos.

Cada ocasión de salirse de la zona de confort no concluirá en un increíble sentimiento de autodescubrimiento y liberación. Pero puede que uno se dé cuenta de que lo que creía que era su zona de confort es en realidad es su zona de complacencia. Una zona en la que ha aprendido a comportarse como sus padres, su familia y su cultura esperan. Con el tiempo, mediante la repetición y al cumplir diligentemente con las expectativas de los demás, uno internaliza estos comportamientos como propios, incluso si realmente no reflejan quién es en realidad.

¿Cómo saber cuándo su zona de confort puede ser realmente su zona de complacencia?

  • Identifique su área de enfoque. Debe detectar un elemento específico a cuestionar, tanto si es algo con lo que no está contento o algo que quiere profundizar o desarrollar.
  • Haga un balance rápido de sus valores y pasiones personales. ¿Qué le apasiona? ¿Qué le motiva? ¿Qué le encantaría hacer, y qué le importaría hacer si nada se lo impidiera?
  • Compare sus pasiones con la actividad que examina. ¿Observa sus propios valores y pasiones motrices en alguna parte de esta actividad? En caso afirmativo, probablemente no sea complacencia, o al menos no del todo. Pero si le cuesta encontrarse en ella, puede que esté habitando la zona de complacencia, y podría haber llegado la hora de reevaluar y considerar si procede un cambio.

Por supuesto, hay determinadas tareas que debemos llevar a cabo en nuestros trabajos y vidas para cumplir con nuestras responsabilidades y roles. Podríamos no querer ampliar nuestra red de contactos ni hacer presentaciones ante toda la empresa, pero sabemos que hemos de hacerlo. Podríamos no querer trabajar durante todo el fin de semana, pero nos obligan las instrucciones de nuestro jefe. A un nivel granular, el cumplimiento representa un elemento clave del mundo profesional. Pero cuando el cumplimiento se impone sistemáticamente a las pasiones propias, resulta crítico examinar a nivel más amplio si uno está viviendo la vida que realmente quiere vivir.

Nuestros hábitos y rutinas resultan difíciles de abandonar por varias razones. Hacen que nos sintamos arraigados y ofrecen un punto predecible a nuestras vidas. Pero evitar situaciones nuevas nos puede limitar. Salir de la zona de confort nos puede ayudar a desarrollar aptitudes nuevas y ganar confianza. Y al identificar y salir de la zona complaciente, puede descubrir su "yo" verdadero, la parte de usted que refleja sus pasiones e intereses auténticos y que da paso a una vida más gratificante.