Para entender la transformación que está provocando la tecnología de cadena de bloques o blockchain, una buena manera es empezar por su mayor implementación hasta la fecha: Bitcoin.

En otoño de 2014, mi compañera Catherine Tucker y yo realizamos un experimento a gran escala en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU) en el que ofrecimos acceso a Bitcoin a 4.494 estudiantes universitarios. La vasta mayoría de los alumnos acabaron atesorando la criptomoneda con la esperanza de que aumentara su valor. Cuando se distribuyó entre los alumnos, el tipo de cambio estaba a 350 dólares (unos 331 euros) por bitcoin. La moneda digital vale ahora más de 1.100 dólares (unos 980 euros) por bitcoin, lo que sugiere que muchos de los alumnos se dieron cuenta entonces que uno de los primeros casos de uso de Bitcoin sería la especulación.

A medida que la criptomoneda ha ido creciendo y madurando, también ha sido criticada por su incapacidad de igualar el rendimiento de las redes de pago existentes, además de no cumplir con los requisitos de sistemas financieros y gobiernos. Pero Bitcoin ha tenido un éxito tremendo en la resolución del problema para el que fue diseñada: permitir que una red global ejecute transacciones e intercambie valores de manera segura sin necesidad de ningún costoso intermediario. Gracias a una ingeniosa mezcla de teoría de juegos y criptografía, Bitcoin replica la capacidad de los sistemas financieros de transferir valores, pero sin el trabajo que normalmente implica realizar y asegurar transacciones económicas. Además, lo hace a la vez que minimiza el grado de confianza necesaria que cada parte debe depositar en el resto. En esencia, Bitcoin imita digitalmente muchas de las características del efectivo, incluida la privacidad.

Las criptomonedas como Bitcoin y el uso de libros mayores distribuidos siguen avanzando.¿Dónde podría ser el próximo lugar en el que se apliquen?

No resulta sorprendente que algunas de las aplicaciones más próximas al mercado sean en el sector financiero. Aunque las transacciones y la especulación fueron dos de los primeros usos de Bitcon, con el tiempo han surgido nuevas tecnologías basada en la cadena de bloques como Ethereum y Zcash.

Zcash, por ejemplo, ofrece un nivel de privacidad más alto que Bitcoin. Ethereum, por su parte, proporciona una potente plataforma de desarrollo para contratos inteligentes y aplicaciones descentralizadas. Este tipo de avances tienen el poder de transformar todo: aplicaciones predictivas, el mercado de trabajo, la compraventa energética, fondos de inversión y servicios de computación en la nube descentralizados. A medida que el ecosistema de criptomonedas al completo madura, los proveedores de carteras digitales e intercambios se vuelven más profesionales y seguros.

Ventajas de blockchain para el consumidor

En el lado del consumidor, empresas como Circle y Abra están aprovechando los costes más bajos que ofrecen tecnologías de cadena de bloques para pagos transfronterizos, lo que invade el campo de negocio de empresas como Venmo (ahora parte de PayPal), TransferWise y otros proveedores de envío de remesas tradicionales. Visa y MasterCard están explorando la posibilidad de usar tecnologías similares a fin de mejorar el procesamiento de los pagos. Ripple, por su parte, está reduciendo el coste de las transacciones entre bancos y otras instituciones financieras gracias a su red global de pagos. En todos estos casos, la cadena de bloques se adopta "debajo del capó". Los consumidores y empresas pueden disfrutar de sus ventajas sin ni siquiera saber que un libro mayor digital ha entrado en juego.

Lo mismo ocurre con el comercio internacional y los activos financieros. Empresas como Digital Asset Holdings -dirigida por el veterano de JPMorgan Blythe Masters-, Blockstream y Chain están intentando revolucionar la manera en que se emiten e intercambian los activos. Sus soluciones se centran por el momento más en una tecnología de libro mayor como vía para reducir costes y aumentar la eficiencia que en emprender y crear ecosistemas completamente nuevos en torno a las criptomonedas. Esto tiene la ventaja de permitirles diseñar soluciones que cumplen con las regulaciones financieras actuales, lo que ha llamado la atención de importantes bolsas de valores y actores consolidados como NASDAQ.

Los bancos centrales también están explorando de forma activa las oportunidades y los retos que una moneda digital respaldada por dinero fiduciario supondría para las políticas monetarias, los impuestos y los préstamos.

El blockchain más allá de las finanzas

Pero las aplicaciones prácticas de la cadena de bloques van mucho más allá de los activos financieros. Básicamente, cualquier tipo de activo digital se puede rastrear e intercambiar con una cadena de bloques. La información sobre el origen de un bien, la identidad, las credenciales y otros derechos digitales pueden almacenarse de forma segura con un libro mayor distribuido. Los experimentos en este campo todavía están en sus primeras fases, pero las iniciativas van desde historiales médicos (MedRec, Pokitdok) hasta derechos digitales, micropagos (el navegador Brave, Ascribe, Open Music Initiative), identidades (Uport) y cadenas de suministro (Everledger, Hyperledger).

Uno de los desafíos para muchas de estas aplicaciones es registrar de forma fiable y segura la propiedad de los activos físicos, los datos de individuos (credenciales), el uso de recursos (la energía y ancho de banda a través de un dispositivo de internet de las cosas) y cualquier otro acontecimiento importante que se produzca a lo largo de una cadena de suministro. La inalterabilidad que ofrece la cadena de bloques solo tiene sentido si la información original es precisa.

Aunque una cadena de bloques puede permitir la verificación sin coste de los atributos que contiene, grabar esos atributos en origen puede requerir tareas laboriosas e intermediarios (incluido el gobierno) para impedir cualquier posible fraude. En este aspecto, los dispositivos y sensores del internet de las cosas pueden ampliar enormemente lo que se puede desarrollar y construir sobre blockchain.

A largo plazo, las criptomonedas tienen el potencial de cambiar cómo se ofrecen un servicio de internet (Blockstack, IPFS), la financiación del desarrollo de fuente abierta, la subcontratación masiva de microtareas y expertos (21.co), el pago de contenidos e información (Brave), y cómo se aprovecha el talento para mejorar las predicciones (Numerai).

En su trabajo seminal de teoría de la empresa, Michael Jensen y William Meckling definieron la empresa como "un nexo de contratos", la idea de que una compañía no es más que una serie de contratos entre diferentes partes, como empleados, clientes y accionistas. Puede que las criptomonedas habiliten algún día un tipo totalmente nuevo de organización al permitirnos transferir valor y asignar recursos de forma segura mediante contratos inteligentes. Dado que este nuevo tipo de organización podría lograr la velocidad y eficiencia de un mercado al contado, quizá también sea capaz de replicar las formas complejas de gobernanza necesarias para el tipo de tareas complejas que se relizan hoy dentro de una empresa. Junto con avances en el aprendizaje de máquinas, esta revolucionaria tecnología dará forma al flujo de capital, mano de obra e ideas durante las próximas décadas.