NASA/Project Apollo Archive 

Como líder, dejar un gran legado es sin duda la cosa más poderosa que podrá hacer durante su carrera y su vida porque le capacita para ejercer su influencia también en el futuro, incluso después de haber desaparecido. El legado es clave para optimizar su impacto sobre su organización y las personas. La construcción de un legado en el ámbito de los negocios puede tomar la forma de trabajar para fortalecer y garantizar la viabilidad a largo plazo de la empresa; para hacerla más productiva y valiosa de lo que era antes. O, en los escenarios más dramáticos de los emprendedores, crear una organización totalmente nueva. Pensar en su legado también es una manera genial de mantener la perspectiva a largo plazo y resistir la tentación de tomar decisiones miopes demasiado centradas en los beneficios a corto plazo.

Entonces, ¿cómo podrá mantener su legado en mente mientras se dedica al trabajo diario de la toma de decisiones? Afortunadamente, más de una década de investigaciones sobre cómo las personas toman decisiones que implican a generaciones futuras proporciona algunas estrategias específicas para mantener la construcción de su legado en mente y aprovechar esos pensamientos para maximizar su impacto sobre el mundo.

1. Piense en lo que la generación anterior hizo por usted

Recuerde a sus predecesores y cómo le afectaron sus decisiones. ¿Qué recursos dejaron tras de sí para usted y sus contemporáneos? ¿Cómo cambiaron la organización para proporcionarle nuevas oportunidades? ¿Cómo dieron forma a la cultura de la empresa?

Aunque no siempre podrá corresponder las acciones de generaciones anteriores porque ya no forman parte de la organización, sí que puede perpetuar la "cadena de favores" al comportarse de un modo similar de cara a la próxima generación de actores organizacionales. Cuando adopta una perspectiva a largo plazo y piensa en su empresa en términos de generaciones múltiples, la reciprocidad no es directa, sino que se presenta de forma más bien generalizada. Investigaciones realizadas demuestran que cuando sabemos que nos hemos beneficiado del legado de una generación previa, resulta más fácil que pensemos en la herencia positiva que queremos dejar para las próximas generaciones y tomar mejores decisiones orientadas al largo plazo.

2. Céntrese en las cargas en lugar de los beneficios

Cuando se toman decisiones sobre el futuro, los líderes pueden asignar beneficios deseables como dinero o recursos naturales; o distribuir las cargas que ellos y otros quieren evitar, como deudas o desechos peligrosos. Existen investigaciones que demuestran que si un recurso representa un beneficio o una carga importa cuando se trata de decisiones y legados. Las personas estás más preocupadas por evitar un legado negativo que por crearlo positivo. En comparación con dejar beneficios para los siguientes, traspasar cargas y problemas provoca en las personas un sentimiento más pronunciado de responsabilidad así como mayor afinidad con las personas que vendrán después. También aumenta la importancia de sentimientos como la vergüenza y la culpa.

Resaltar los aspectos problemáticos de las decisiones a largo plazo puede ayudar a los líderes a reconocer los posibles legados negativos que esas decisiones puedan generar. Además, es estratégico que las organizaciones vinculen de manera intencionada las decisiones con los beneficios y las cargas que puedan generar. De ese modo, los mánagers pueden valorar su impacto a la vez que las toman. Una mayor atención a las implicaciones éticas que conlleva distribuir y asignar las cargas de una empresa puede atenuar los comportamientos cortos de miras y egoístas que suelen guiar el reparto de beneficios.

3. Considere la responsabilidad que conlleva su poder

La mayoría de las investigaciones sobre el poder sugieren que tenerlo tiende a volver a las personas más interesadas y egoístas, especialmente en periodos de tiempo limitados, que es cuando se ha estudiado. Sin embargo, trabajos recientes sobre decisiones intergeneracionales que conllevan plazos de tiempo más largos revelan que el poder puede facilitar preocuparse más por los futuros intereses de los demás. Cuando las decisiones intergeneracionales se combinan con la experiencia del poder, las personas adquieren una mayor responsabilidad social y se centran más en su legado que cuando tienen menos poder.

El resultado es que esas personas con poder son más generosas con las generaciones futuras, lo que ayuda de forma natural a construir un legado positivo. Cuando está claro que nos encontramos en posición de condicionar los resultados que pueden lograr otras personas que carecen de poder y voz, nuestras decisiones conllevan una carga ética que hace que consideremos sus implicaciones morales con más detenimiento.

4. Recuerde que algún día morirá

Un día de 1888, un rico y exitoso hombre leía lo que se suponía que era la necrológica de su hermano en un periódico francés. Mientras la leía, se dio cuenta de que el editor había confundido a los dos hermanos y en realidad había escrito un obituario para él mismo. El titular rezaba "El Mercader de la muerte ha muerto", y el artículo describía a un hombre que había amasado su riqueza gracias a ayudar a la gente a matarse entre sí.

Esa vista previa de lo que podía haber sido su legado en caso de haber fallecido le inquietó enormemente, algo que no sorprende. Lo interesante es que se cree que este incidente fue decisivo para impulsarle a destinar toda su fortuna una vez muerto, ocho años después, a financiar con premios anuales los trabajos que más pudieran beneficiar a la humanidad. Esta, por supuesto, es la historia verídica de Alfred Nobel, el inventor de la dinamita y fundador de los Premios Nobel.  

Sí, todos morimos. Cuando se nos recuerda nuestra mortalidad, también recordamos que no queremos morir: ¡queremos vivir! Pero entendemos y asumimos la inevitabilidad de la muerte, lo que genera un dilema existencial debido a nuestro arraigado instinto de supervivencia. Una de las cosas más eficaces que podemos hacer para reducir nuestra ansiedad frente a la muerte es intentar superarla al encontrar un significado para nuestras vidas. Algo para lo que es fundamental crear un impacto que vaya más allá de nuestra existencia física.

Las investigaciones demuestran que recordar a las personas que van a morir las anima a tener en cuenta su legado. Actúan de forma que beneficien a generaciones futuras, lo que mejora en general la calidad de sus decisiones a largo plazo. La gente se siente mejor frente a la muerte si forma parte de algo que seguirá existiendo cuando ellos o ellas ya no. Tener un impacto positivo en las próximas generaciones puede ayudar a satisfacer esa necesidad. Alfred Nobel aún vive a través de su legado. Un recordatorio impactante de la inevitabilidad de morir le ayudó a crearlo. Su historia también ilustra cómo evitar un legado negativo puede ser más motivante que simplemente querer construir uno positivo.

En resumen, el mejor ejemplo que tiene de poder es crear un gran legado que perdure después de que usted muera. Esta es la manera en la que puede maximizar su influencia sin dejar de considerar el éxito de la organización a largo plazo. Y como premio, conseguirá un trocito de inmortalidad (simbólica).

A fin de cuentas, su legado es lo único que tiene. Piense en cómo quiere ser recordado y actúe en consecuencia. Plántele cara a la muerte, cree algo significativo que le sobreviva.