Una de las grandes barreras para salir de la zona de confort es el miedo a ser un impostor, a no valer, a no estar preparado para hacer lo que uno se proponga. Es un miedo que nos afecta a muchos: el síndrome del impostor.

Sé que he experimentado esos pensamientos mientras publicaba mis escritos, ya fueran libros o blogs. Los he tenido mientras impartía mis primeras clases universitarias, mientras daba conferencias a públicos empresariales. Por fuera, parezco confiado, pero me siento profundamente inseguro por dentro. Me pregunto quién soy yo para subir a un escenario. ¿Qué podría decir que alguien quisiera escuchar?

Y no estoy solo. La actriz y graduada de la Universidad de Harvard (EEUU) Natalie Portman describió la inseguridad que experimentó como alumna de Harvard durante un conmovedor discurso de graduación hace varios años. "Sentía que alguien había cometido un error", dijo, "que yo no estaba a la altura intelectual para estar aquí y que cada vez que abriera la boca tendría que demostrar que no era una actriz tonta". El presidente y CEO de Starbucks, Howard Schultz, reveló que él y varios CEO a los que conoce sienten lo mismo. "Muy poca gente, tanto si ha ocupado antes ese cargo como si no, se sienta en esa silla y cree que está cualificada para ser el CEO. No te lo dirán, pero es cierto".

¿Qué podemos hacer para superar estos sentimientos de incompetencia que tantos experimentamos?

Un primer consejo es algo que Portman señala en su discurso y que yo he encontrado muy útil: reconozca los beneficios de ser principiante. Puede que no se dé cuenta de ello, pero ser nuevo en su campo supone enormes beneficios. Cuando uno no está atrapado en la sabiduría convencional de una profesión determinada, puede plantear preguntas que no se hayan planteado antes, enfocar los problemas de una manera que no se les haya ocurrido a los demás.

No es de extrañar, por ejemplo, que algunas de las mejores ideas de investigación que consigo como profesor vengan de alumnos universitarios con poca experiencia previa, gente con una perspectiva ajena. Esto se aplica al mundo de los negocios también. La empresa farmacéutica Eli Lilly ha desarrollado una plataforma de crowdsourcing o colaboración masiva lamada InnoCentive. En ella, se compensa a innovadores externos a cambio de resolver parte de los retos complejos a los que se enfrenta la empresa. ¡Y funciona! De hecho, según un estudio del profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard Karim Lakhani, muchos problemas son resueltos por personas ajenas al campo en cuestión. Es el caso de físicos que resuelven problemas de química, por ejemplo. Así que la próxima vez que se sienta incapaz en un campo concreto, recuerde que como persona recién llegada podría tener la perspectiva más clave de todas.  

Un segundo consejo para combatir el síndrome del impostor consiste en centrarse más en lo que aprende que en cómo rinde. Según la psicóloga Carol Dweck, podríamos ser capaces de llegar a controlar los sentimientos que provoca el síndrome del impostor. Con una mentalidad centrada en el rendimiento, algo común en muchas personas con síndrome del impostor, uno tiende a considerar sus sensación de incapacidad como la prueba de sus carencias internas. Esta mentalidad no hace más que alimentar los temores que tiene acerca de no estar cualificado para ejercer su trabajo. Pero hay algo que puede cultivar en su lugar: una mentalidad de aprendizaje. Desde esta perspectiva, sus limitaciones se experimentan de otra forma totalmente distinta. Sus errores se consideran una parte inevitable del proceso de aprendizaje en lugar de más pruebas de sus limitaciones.

Esto nos lleva al tercer consejo: entienda el poder de la perspectiva. Los que experimentamos el síndrome del impostor a menudo creemos que somos los únicos que nos sentimos así, pero la realidad es bien distinta. Durante el comienzo de mi carrera, cuando entraba en un evento de networking estaba convencido de que era el único que se ponía nervioso al hablar con desconocidos. Pero con el tiempo, he comprobado que prácticamente todos los participantes comparten esa inquietud. Según un estudio reciente de Vantage Hill Partners, ser considerado incompetente es la tercera preocupación más común entre ejecutivos a nivel mundial. Así que si se ve como un impostor, lo más probable es que otras personas que se encuentran en su misma situación se sientan exactamente igual. O, como dijo una vez Tina Fey, "me he dado cuenta que casi todos son un fraude, así que intento no sentirme demasiado mal [por serlo]".

Puede que no resulte fácil, pero superar el síndrome del impostor es posible; no tiene por qué sentirse desamparado ni solo. La próxima vez que se encuentre en una situación que crea totalmente fuera de su zona de confort, no se centre en sus tropiezos. Considérelas su oportunidad de aprender y aportar una nueva perspectiva de la que no disponen los demás.