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El mindfulness se ha convertido en la moda empresarial de la temporada; una práctica ampliamente promocionada como la vía rápida hacia un mejor liderazgo. Sin embargo, sospechamos que no todos los beneficios que se le atribuyen le corresponden en realidad. Nuestra investigación y análisis ha revelado una relación complicada entre la atención plena y el rendimiento ejecutivo, una relación que es importante que los líderes entiendan a medida que traten de avanzar en sus carreras.

El mindfulness (también llamado atención o conciencia plena) es un método de redirigir la atención hacia el interior de uno mismo para observar y ser conscientes de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones sin interpretaciones ni juicios. La atención plena a menudo comienza tan solo con concentrarse en la respiración, en dejar libre la mente para luego traerla de vuelta a nuestra respiración. A medida que se mejora la capacidad de concentración, una persona podría empezar a ser consciente de su yo o experiencias interiores en cualquier momento del día sin tener que abstraerse del resto. Los beneficios que se atribuyen a este tipo de práctica van desde la mejora de las relaciones con otras personas hasta mejor capacidad de liderazgo.

Tomemos por ejemplo a Sean, un alto directivo de una empresa de la lista Fortune 100. Él le dirá que la atención plena ha jugado un papel crítico en la transformación de su carrera. Sean se dio cuenta de que su rendimiento se había estancado gravemente por culpa de la microgestión y la intimidación con la que trataba a sus empleados. Obsesionado con alcanzar sus objetivos trimestrales, Sean había presionado a sus trabajadores tanto como pudieran soportar; su equipo, en consecuencia, se había frenado, ya no funcionaba. Sean empezó a temer que lo despidieran, a temer tener que dejar su empleo por la ansiedad que le producía la sobrecarga de trabajo.

Y el mindfulness, dice Sean, lo salvó. Después de un entrenamiento intensivo en la técnica, Sean asegura que era más capaz de frenar antes de que su impulso tomara las riendas. Según cuenta, logró controlar sus exabruptos y adoptar un estilo de liderazgo más solidario en el que los subordinados pudieran asumir más responsabilidades. A medida que Sean mejoró en el manejo de sus propios impulsos, el nivel de estrés general bajó para todos. Sus empleados directos confiaban más en él e hicieron un trabajo de mejor calidad. En vez de renunciar o ser despedido, Sean fue ascendido.

Sean es uno de los 42 ejecutivos de organizaciones de todo el mundo que practican la atención plena a los que uno de nosotros (Matt Lippincott) estudió en la Universidad de Pennsylvania (EE.UU). El resto de participantes en la investigación también atribuyeron otros beneficios al mindfulness, incluidos:

  • Mejores relaciones personales con los superiores, compañeros y subordinados.
  • Mayor productividad.
  • Mejores resultados en los proyectos.
  • Mejor gestión de crisis.
  • Aumento de los presupuestos y el equipo.
  • Convertirse en alguien de confianza como para recibir información sensible de la empresa.
  • Evaluaciones positivas del rendimiento.
  • Ascensos.

Un ejecutivo afirmó incluso que, como resultado de la práctica de la atención plena, ¡sus compañeros de trabajo dejaron de dar la vuelta y caminar en la otra dirección cuando lo veían llegar!

Pero el mindfulness no es magia. ¿Cúal es la razón detrás del cambio de estos ejecutivos? Una pista: varios ejecutivos del estudio aseguraron haber recibido comentarios de colegas que describieron mejoras en áreas como la empatía, la gestión de conflictos y la comunicación persuasiva. Resulta que todas esas son las que uno de nosotros, Dan, ha descrito como competencias centrales de la inteligencia emocional.

Esta conexión con la inteligencia emocional fue puesta de relieve durante las entrevistas que Matt llevó a cabo con los propios participantes del estudio. En lugar de describir una correlación directa entre su práctica de la atención plena y el aumento del rendimiento, los líderes hablaron de una mayor conciencia de sí mismos que les llevó a cambiar algunos de sus hábitos. Esos comportamientos trazaban los que Dan describe en el Inventario de Competencia Emocional y Social (ESCI), una categoría creada para medir la inteligencia emocional. Es a través de la mejora en competencias relacionadas con la inteligencia emocional, de hecho, que la atención plena logra que los ejecutivos sean líderes más efectivos.

En el caso de Sean, su práctica del mindfulness le hizo tomar conciencia de su ansiedad excesiva, de cómo eso le hacía perder el juicio. Se dio cuenta de que tenía un alto nivel de autoexigencia en el trabajo y, por tanto, también obligaba a los demás a cumplir con esas expectativas rígidas y perfeccionistas -por ejemplo, que la gente, incluido él mismo, debería ser capaz de soportar cualquier exigencia extrema del trabajo-. Una vez tomó conciencia de ello, también vio que, aunque su ética adicta al trabajo le había llevado hasta su posición actual, como estrategia de liderazgo ya no le funcionaba. Debido a que era casi imposible para cualquiera cumplir con sus expectativas de desempeño poco realistas, y que él reprendía a cualquiera que no lo hiciera, se estaba fraguando una rebelión silenciosa en su equipo que había bloqueado el avance del equipo. Una vez lo supo, fue capaz de identificar dos competencias en las que podía mejorar: la autoconciencia y la autogestión.

En consecuencia, Sean ajustó sus expectativas a posiciones más realistas; buscó involucrar al resto del equipo para establecer sus metas. Estos cambios le llevaron a mejorar también en otras áreas de competencia emocional. Sean comenzó a escuchar con atención a los miembros de su equipo en lugar de limitarse a dictar lo que tenían que hacer; mejoró su empatía. Adoptó una visión más positiva de sus empleados directos y de su capacidad para alcanzar los objetivos; los vio como aliados en vez de como problemas: mejoró en su actitud positiva. Sean se ganó la confianza del equipo al hablar más abiertamente de sus propios miedos y vulnerabilidades. Habló más desde su corazón e inspiró al equipo. Hemos visto en investigaciones anteriores que la mejora en estas áreas de competencia (la realización, el manejo de conflictos, la empatía, la actitud positiva y la inspiración) mejoran la eficacia de un líder y el caso de Sean lo demuestra.

La práctica de la atención plena hizo que Sean siguiera el camino de la superación como líder; le permitió ver dónde necesitaba mejorar y tomar conciencia de sí mismo para modificar sus acciones. Pero todas las mejoras pertenecían en realidad al terreno de la inteligencia emocional.

Creemos que, al concentrarse en el mindfulness como moda corporativa, los líderes corren el riesgo de perder otras oportunidades para desarrollar sus habilidades emocionales esenciales. En su lugar, a los ejecutivos les iría mejor si evaluaran y mejoraran de forma deliberada todas sus competencias de inteligencia emocional. Parte de ese trabajo puede implicar la atención plena, pero también puede incluir una evaluación formal del cociente de inteligencia emocional y su entrenamiento. Otras herramientas y enfoques incluyen los juego de roles, en los que se puede imitar a otros líderes a los que se admire para pensar como manejarían ellos situaciones similares. Al entender que el mecanismo detrás de la atención plena es la mejora más amplia de las competencias de inteligencia emocional, los líderes pueden trabajar de forma más consciente todas las áreas que tendrán un mayor impacto en su liderazgo.