Los primeros 100 días de Donald Trump como presidente de Estados Unidos han llegado a su fin. De las diez cosas que prometió lograr con cambios legislativos durante ese tiempo, se ha quedado con las manos vacías a pesar del control del Partido Republicano de las dos cámaras del Congreso. Su único éxito incondicional ha sido la confirmación del nombramiento de Neil Gorsuch como candidato al Tribunal Supremo de EEUU. Se trata de una victoria con probabilidades de dejar tras de sí un legado importante, pero que también podría haber hecho -y habría hecho- cualquier otro presidente de Estados Unidos. Durante los primeros 100 días de Trump, tradicionalmente una luna de miel para el nuevo presidente, sus índices de popularidad han sido los más bajos desde que se tienen datos.

La pregunta ahora es si este primer acto aporta alguna clave sobre cómo dirigirá Trump el Despacho Oval durante el resto de su mandato. Cualquier conclusión que podamos sacar debe ser provisional. Muchos recuerdan que los primeros 100 días de Bill Clinton se vieron como una lucha antes de que enderazara el barco y emprendiera el rumbo hacia convertirse en un presidente reelecto. Sin embargo, son menos las personas que se acuerdan de que la recuperación de Clinton se vio apuntalada por el nombramiento después de dos años de gobierno del antiguo congresista y director de la Oficina de Administración y Presupuesto Leon Panetta como su jefe de gabinete. Fue Panetta, quien criticaba el enfoque (finalmente fallido) de Clinton para la reforma de la sanidad, el que eliminó gran parte del caos que había perjudicado el desempeño inicial de la administración Clinton. Desde luego existe la posibilidad de que Trump tome una medida similar, aunque resulta difícil imaginar quién podría ser el equivalente de Panetta: el círculo cercano de Trump parece limitarse a políticos neófitos y familiares. Trump tendría que identificar y reclutar a un republicano en cuya opinión confiara y al que respetara lo suficiente como para delegar en él, sin contar que éste necesitaría ser lo suficientemente astuto como para sobreponerse a las facciones enfrentadas de la Casa Blanca actual.

Esto no significa que una mejora sea imposible. Incluso durante sus primeros 100 días, la Casa Blanca de Trump ha mejorado algo al sustituir al general Michael Flynn por el sumamente competente H.R. McMaster y la aparente marginalización de Steve Bannon. Al final, no obstante, la Casa Blanca gira en torno al presidente. En ausencia de un jefe de gabinete con la suficiente autoridad como para compensar las vulnerabilidades del presidente (ahí están los ejemplo de James Baker y Howard Baker durante la administración Reagan), los puntos fuertes y flacos del presidente interpretarán un relevante papel dentro del rendimiento y el comportamiento de la Casa Blanca. Sin embargo, y dado que es improbable que Trump contrate a alguien de fuera de su círculo más cercano lo suficientemente competente para desempeñar ese papel, ¿cómo de probable es que él mismo cambie? No mucho, en mi opinión.

En primer lugar, mientras que es posible que el comportamiento de Trump evolucione, resulta improbable, sobre todo porque, con 70 años, Trump es el presidente de mayor edad jamás elegido. Para ponerlo en perspectiva: Trump tiene 24 años más que Clinton cuando este fue elegido. Es un tema delicado, pero el psicólogo político Jerrold Post y el neurocirujano e historiador Bert Park han demostrado que a medida que un dirigente envejece, en lugar de tranquilizarse, se convierte en una versión más extrema de sí mismo, en una caricatura. Un cerebro más envejecido, hasta alrededor de unos 70 años, también implica ciertos beneficios neurológicos, pero la capacidad de adaptación no es uno de ellos.

Segundo, el comportamiento de Trump durante los primeros 100 días encaja con un patrón claro repetido durante sus comienzos empresariales: buscar victorias personales a corto plazo (especialmente las que le generen más publicidad) a costa de pérdidas colectivas mucho más grandes a largo plazo. El casino Taj Majal de Trump, por ejemplo, potenció enormemente su perfil público, pero la iniciativa se declaró en bancarrota tan solo alrededor de un año después de abrir sus puertas. Trump Airlines, de forma similar, fue un gran creador de titulares que se convirtió en un desastre económico en menos de tres años. La participación de Trump en la nueva Liga de Fútbol de Estados Unidos (USFL, por sus siglas en inglés) y la demanda que interpuso contra la establecida Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por sus siglas en inglés) le mantuvieron en todas las portadas y telediarios, pero se tradujeron en la disolución de la USFL. Trump Mortgage, dedicada a las hipotecas; Trump Steaks, dedicada a la alimentación; y la Universidad Trump, puede que le hayan proporcionado algo de efectivo a corto plazo, pero a costa de degradar su marca o dejarle expuerto a demandas por fraude. En esencia, muchos, incluso la mayoría, de los negocios de Trump se ajustan al patrón de perseguir la repercusión mediática, un ciclo que se reinicia cada vez que Trump anuncia un nuevo emprendimiento dirigido a un nuevo segmento de clientes.  

Si los primeros 100 días de Trump se hubiesen desviado de esta tendencia, podríamos esperar algún tipo de cambio, en forma de regresión hacia la media, en el futuro. Sin embargo, sus primeros 100 días siguen y confirman dicho patrón: titulares sensacionalistas (acusar a China de manipular divisas, retirar el país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), disolver el Gobierno si el Congreso no financia un muro con México, promulgar una ley de cuidados médicos más ecónomica y mejor que la Ley de Cuidados Asequibles de Obama) para luego evitar seguir adelante con ello (nada de lo anterior ha sucedido). Incluso las victorias a corto plazo, como la cobertura mediática a favor del ataque militar en Siria, han sido solo victorias a corto plazo; nadie sabe si forman parte de alguna política u objetivo estratégico de mayor alcance.

La última razón por la que no espero que Trump cambie es simplemente porque los cambios requieren mucho trabajo. Por las declaraciones del presidente estadounidense, como que creía que la presidencia "sería más fácil" de lo que estaba resultando, no espero que haga el esfuerzo que exigiría cambiar su actitud. Y más fundamental incluso, no parece creer que necesitar cambiar. Trump calificó sus primeros 100 días como "más o menos los más exitosos de la historia de nuestro país", repletos de "una larga lista de logros".

Así que si le gusta lo que ha visto hasta ahora, está de suerte. Si no, prepárese para otros 1.300 días de más de lo mismo.