Fotografía por Evan Dennis

Los mejores profesores tienen al menos una cosa en común: plantean buenas preguntas. Sugieren preguntas que obligan a sus alumnos a ir más allá de las respuestas sencillas, ponen a prueba su capacidad de razonamiento, despiertan su curiosidad y logran que generen ideas nuevas. Proponen preguntas que inspiran a sus alumnos, que les hacen pensar, y pensar en profundidad.

Como líder empresarial, puede que le respalden años de experiencia y la confianza de su organización. Podría resultar tentador creer que su trabajo consiste en tener siempre las respuestas correctas. Sin embargo, los grandes líderes tienen que inspirar la misma curiosidad, creatividad y pensamiento profundo en sus trabajos que los grandes profesores logran con sus alumnos. Algo que empieza por plantear las preguntas adecuadas, cualquier respuesta solo será igual de buena que la pregunta formulada.  

Como decano de la Facultad de Educación de Harvard, encuentro útil recordar la afirmación a menudo atribuida, y tal vez por error, a Albert Einstein, de que si dispusiera de una hora para resolver un problema del cual dependiera su propia vida, dedicaría los primeros 55 minutos a definir la pregunta a plantear.  

Pero proponer una buena pregunta no es fácil. Requiere que miremos más allá de soluciones simples y que animemos a nuestros compañeros a hacer lo mismo. Una buena pregunta requiere valentía y tacto para pensar antes en preguntas difíciles sin provocar por ello una respuesta defensiva. Una buena pregunta exige mostrarse abierto a nuevas ideas y cuestionarse los supuestos sin demostrar. Requiere estar dispuesto a escuchar e investigar.

En mi opinión, creo que existen unas preguntas esenciales que pueden resultar muy útiles en un gran abanico de contextos, incluido, y quizá de manera destacada, el entorno de trabajo. Es más, di un discurso de graduación el año pasado sobre este tema. En él, sugerí a los alumnos de la Escuela de Posgrado de Magisterio de la Universidad de Harvard (EE.UU.) que realmente solo existen cinco preguntas esenciales en la vida. Aunque mi público estaba compuesto por futuros educadores, creo que estas preguntas resultan igual de valiosas para cualquiera que esté en posición de liderar o influir a otras personas.

"Espera, ¿qué?"

Demasiado a menudo, sacamos conclusiones sin disponer de suficiente información para ello. Escuchamos el tiempo justo para poder formarnos una opinión rápida y, entonces, o ratificamos o nos oponemos a lo que se acaba de decir. Esto implica el riesgo de hacer juicios equivocados, dejar sin comprobar supuestos clave e ignorar las oportunidades potenciales.

Los líderes (al igual que los trabajadores) han de ser capaces de pedir a sus compañeros, jefes y subordinados directos bajar la marcha y explicar en mayor detalle lo que se está proponiendo, sobre todo si algo no suena del todo correcto o parece demasiado fácil para suponer una solución a largo plazo. Preguntar, "Espera, ¿qué?" es un ejercicio de comprensión que resulta vital para una toma de decisiones informada, tanto en la oficina como en la sala de juntas.

"Me pregunto por qué..."; "Me pregunto si..."

A los niños se les da mucho mejor que a los adultos cuestionar el mundo que les rodea: nada se libra de sus interrogantes. Cuando los niños preguntan por qué el cielo es azul, incitan al resto a pensar, razonar y explicar las cosas de nuevo. De forma similar, los líderes tienen que conservar la curiosidad sobre sus propias empresas para poner en práctica nuevas ideas frente a viejos desafíos.

A veces, preguntarse por qué algo es de un modo u otro dará paso a una respuesta insatisfactoria, como, por ejemplo, "esto lo hacemos así porque es más fácil y es como siempre lo hemos hecho". Pero plantear "Me pregunto por qué..." representa el primer paso para superar la inercia que puede ahogar el crecimiento y las nuevas oportunidades tanto para los dirigentes como para los trabajadores. Esto ocurre porque esa pregunta da paso invariablemente a la pregunta de seguimiento perfecta: "¿Podrían hacerse las cosas de otra manera?". Esta secuencia puede despertar el interés y la curiosidad de las personas con las que trabaja e iniciar el proceso de generar el cambio.

"¿No podríamos al menos...?"

La mayoría de nosotros hemos vivido la experiencia de asistir a una reunión contenciosa en la que las partes involucradas están polarizadas, cualquier avance se estanca y el consenso parece un sueño inalcanzable. "¿No podríamos al menos...?" es la pregunta que puede ayudarle a usted y sus compañeros a desatascar este tipo de situaciones. Puede servir para dar un primer paso, incluso cuando no se está totalmente seguro de dónde acabará. Quizá encuentre un espacio de entendimiento con el resto al preguntar: "¿No podríamos al menos ponernos de acuerdo en algunos principios básicos?", "¿No podríamos al menos empezar y volverlo a evaluar más adelante?".

"¿Cómo puedo ayudar?"

El instinto de echarle una mano a alguien en apuros es una de nuestras características más admirables como seres humanos, pero a menudo no nos paramos a pensar en la mejor manera de ayudar. En su lugar, nos entrometemos para intentar ofrecer una solución de inmediato. Esto a menudo hace más mal que bien: puede desautorizar e incluso insultar a quienes deben asumir el mando.

Así que cuando un compañero o un subordinado se queje sobre un problema o exprese su frustración, en lugar de ofrecer inmediatamente soluciones, pruebe a preguntar "¿cómo puedo ayudar?". Hacerlo obliga a la otra persona a pensar con claridad en el problema a resolver, en cómo podría usted ayudar realmente. Esta pregunta también ayuda a los demás a definir el problema, lo que representa el primer paso para apropiarse de él y resolverlo.

"¿Qué es lo que realmente importa?"

Esta pregunta podría parecer obvia, pero pienso que no se plantea lo suficiente. "¿Qué es lo que realmente importa?" no es una pregunta que deba esperar a plantear hasta que se encuentre de vacaciones o jubilado. Debería ser una conversación continua, externa e interna. Por ejemplo, se trata de una buena forma de simplificar situaciones complejas como los asuntos personales dentro de la plantilla. También puede ayudar a mantener los pies en el suelo cuando se tienen grandes ambiciones, como una reestructuración organizativa. E incluso puede lograr que sus reuniones semanales sean más eficientes y productivas al mantener a los participantes centrados en las prioridades correctas. Plantear esta pregunta con frecuencia no solo mejorará su rendimiento profesional, sino que también le ayudará a encontrar el equilibrio óptimo en el contexto más amplio de su vida.

Los líderes deberían plantear estas preguntas tanto a diario como en los momentos críticos. Por supuesto, no son las únicas preguntas a plantear: el contexto importa. Sin embargo, he comprobado que estas cinco representan una manera muy práctica y útil de garantizar el entendimiento, generar ideas nuevas, inspirar progresos, fomentar la responsabilidad y mantener el foco en lo que es verdaderamente importante.