Las empresas multinacionales que operan en México se enfrentan a una gran incertidumbre. La posibilidad de una renegociación contenciosa del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN; o NAFTA, por sus siglas en inglés) ha retrasado y cancelado inversiones en el que había sido hasta ahora uno de los mercados económicos más estables de Latinoamérica. Las cada vez más cercanas elecciones generales de México de julio de 2018, para las que actualmente está en cabeza el candidato populista de izquierdas Andrés Manuel López Obrador, subrayan la eficacia del argumento en defensa de un aumento de las inversiones de corporaciones multinacionales. Mientras que el gasto de los consumidores se ha mantenido pese a las dificultades -las ventas SSS (del inglés same store sales, se refiere al volumen de ventas conseguido en tiendas que llevan abiertas un año o más) minoristas han aumentado un 6 % respecto a abril de 2016-, la mayoría de las multinacionales están elaborando planes de contingencia para mitigar los riesgos para su actividad en México además de reevaluar el peso del país en sus carteras de inversión y cadenas de suministro globales.

Renegociar el TLCAN

Tras la confirmación del nombramiento como Representante de Comercio de Estados Unidos de Robert Lighthizer, el arranque, retrasado una y otra vez, de la renegociación formal del TLCAN con Canadá y México ya puede avanzar. De hecho, el pasado 18 de mayo, la administración Trump notificaba al Congreso de EE.UU. su intención de iniciar el proceso. Mi empresa, Frontier Strategy Group (FSG), prevé que las negociaciones oficiales comenzarán a finales de agosto o principios de septiembre, siempre después del período obligatorio de espera de 90 días. Tanto Canadá como México esperan que las modificaciones del acuerdo comercial potencien la integración en lugar de promover nuevas políticas proteccionistas. Sin embargo, la administración Trump ha enviado señales contradictorias sobre qué tipo de medidas persigue.

Puede que la administración Trump ya no abogue por unos aranceles del 25 % para los productos importados de México, pero sí que es muy probable que presione con insistencia para limitar de forma notable los beneficios para las multinacionales recogidos en el acuerdo comercial actual. Por ejemplo, una de las preocupaciones que comparten muchas empresas es el endurecimiento de las normas de origen, lo que podría reducir la cantidad máxima de material utilizado para vender sin pagar aranceles en los países del tratado. Un cambio así se traduciría en impuestos más altos para los factores de producción y los productos finales. No llegarían a un arancel del 25 % como el propuesto por Trump durante su campaña, pero sí que incrementarían los costes de las multinacionales y obstaculizaría aún más la integración de cadenas de suministro transfronterizas.

No obstante, nuevos impuestos y unas normas de origen más restrictivas probablemente solo recaerían sobre unas pocas industrias, como el sector automovilístico. Lo que preocupa en la mayoría de los sectores es que sus actuales cadenas de suministro se vuelvan más vulnerables frente a medidas proteccionistas unilaterales, como estándares más bajos para la salvaguarda de la importación. Así que, si una empresa fabrica productos en México para luego exportarlos a Canadá y Estados Unidos (y viceversa) y no puede dar por hecho un acceso continuo e ininterrumpido a los mercados del resto de países, tendría que replantear radicalmente sus estrategias de localización y suministro. Una situación así probablemente resultaría en el cierre de fábricas, la búsqueda de nuevas fuentes de suministros para la producción y un aumento de precios a fin de compensar el descenso de la producción.

Las multinacionales están presionando con fuerza para, o pequeñas modificaciones del acuerdo o una modernización del NAFTA o TLCAN. A las empresas les gustaría lograr mejoras en los procesos e infraestructuras de las fronteras para así poder reducir el coste de importar. Las compañías de las industrias más condicionadas por la innovación, como las farmacéuticas y las fabricantes de dispositivos médicos, intentan promover una mayor estandarización transfronteriza, una mejor protección de la propiedad intelectual y un aumento de los estándares regulatorios. Posiblemente, la mejora más importante del acuerdo actual sería incorporar al mismo algunas de las industrias que eran relativamente nuevas cuando se firmó (como el comercio electrónico y la industria digital), que estaban nacionalizadas en ese momento (como el sector energético de México) e industrias del sector servicios (como los seguros, la contabilidad y las industrias de envíos rápidos). Estos cambios permitirían una mayor estandarización entre fronteras, lo que también mejoraría el acceso a los mercados y aumentaría el comercio. Un TLCAN renovado, que incorporara aunque fuese alguna de estas modificaciones, convertiría la renegociación en un beneficio potencial para la mayoría de las multinacionales. Sin embargo, esto iría en parte en contra de la retórica proteccionista en la que se ha envuelto la administración Trump.

Un acuerdo que ampliara el alcance de la redacción actual del TLCAN, que apostara más por el libre comercio, tendría más posibilidades de negociarse e implementarse relativamente rápido. En cambio, un acuerdo que incorpore nuevas medidas proteccionistas, especialmente en las salvaguardias y tarifas discrecionales de importación, probablemente sería una negociación mucho más larga y enconada. Los análisis de Frontier Strategy Group predicen que la renegociación del tratado de libre comercio incluirá al menos algunas medidas de modernización como las mencionadas antes, sobre todo las que se negociaron ya dentro del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP). La otra cara de la moneda es que la administración Trump presionará a favor de nuevos controles a la importación, algo que retrasaría el acuerdo final. El balance final es que probablemente pasarán años antes de que las multinacionales puedan conocer el contenido definitivo del tratado.

El creciente movimiento populista en México

Los ejecutivos multinacionales también tienen un ojo puesto en las próximas elecciones presidenciales de México. Un crecimiento económico mediocre, la violencia continua asociada con los narcotraficantes y una corrupción persistente corrupción han hundido la confianza del público en el statu quo. La tasa de aprobación del actual Gobierno de Enrique Peña Nieto ha alcanzado unos bajos históricos. El partido gobernante, el PRI, tiene pocas posibilidades de conservar la presidencia del país.

A mediados de febrero, FSG encuestó a 25 directores de las operaciones mexicanas de diferentes multinacionales. Los resultados indicaban que la mitad de ellos esperaba que las próximas elecciones presidenciales se resuelvan a favor de alguno de los candidatos centristas: la que fuera primera dama durante la presidencia de Felipe Calderón (entre 2006 y 2012), Margarita Zabala; o el actual presidente de la agrupación de centroderecha Partido de Acción Nacional (PAN), Ricardo Anaya.

No obstante, según las últimas encuestas, actualmente va en cabeza el candidato del centro izquierda y antiguo alcalde de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, y la mayoría de estos mismos ejecutivos consideran que su agenda populista les perjudica al menos en parte.  

FSG cree que López Obrador es el probable favorito, pero las empresas no deberían entrar en pánico por su elección. Si gana por un margen estrecho, algo que parece muy probable, su administración tendrá una capacidad limitada para impulsar las reformas populistas que podrían perjudicar seriamente los flujos de inversión extranjera y las finanzas públicas. Sigue pareciendo poco probable que su partido, MORENA, obtenga una clara mayoría en el Congreso mexicano, lo que le obligaría o a moderar su política fiscal expansiva o a enfrentarse a la parálisis legislativa continua de un Congreso conservador. Es poco probable que la economía mexicana mejore más allá del 2 % de crecimiento medio anual de las últimas décadas. Eso tampoco significa que se vaya a reflejar necesariamente en una gran recesión económica.

Por supuesto, una victoria reñida por parte de López Obrador no está garantizada. Si el candidato del centro derecha del PAN ganara, tanto si es Zavala como Anaya, probablemente ayudaría a cimentar la confianza de los negocios en la estabilidad económica y política del país.

Carta de navegación comercial para los próximos dos años en México

Muchas de las empresas con presencia en México con las que colaboramos han empezado a preparar planes de escenario ante un abanico de potenciales cambios económicos y políticos dentro del país que podrían afectar a sus negocios. La mayoría de los directores regionales en México creen que es probable que se produzca uno de los siguientes dos escenarios:

  1. Un largo período de incertidumbre impulsada por el populismo. En este caso, una renegociación larga (y polémica) del acuerdo comercial junto a una disputada victoria de López Obrador obligarían a los ejecutivos a enfrentarse a un largo período de incertidumbre, algo que alimentaría la devaluación del peso mexicano y frenaría la inversión. FSG prevé que en este escenario el valor del peso mexicano caería hasta unos 22 pesos el dólar (o unos 25 pesos el euro) durante los próximos dos años y que la economía crecería un 1,8 % de media en 2017 y 2018. Las multinacionales que prevén este escenario han pospuesto inversiones de capital importantes (como fábricas y centros de distribución nuevos) y adoptado un enfoque cauteloso respecto a los aumentos de precio (a pesar de las crecientes presiones sobre los márgenes que producen un dólar más fuerte). También han aumentado la inversión en el análisis de los patrones del gasto de los consumidores,  el cabildeo político y los apoyos regulatorios en México y Estados Unidos.

  2. Se mantiene el statu quoEn este escenario, las renegociación del tratado de libre comercio sigue sin haberse resuelto después de las elecciones mejicanas de 2018, pero el impulso populista no llega a materializarse en el país y el PAN (centro derecha) logra una victoria ajustada sobre López Obrador. En este caso, el peso mexicano probablemente solo se devaluaría hasta unos 20,5 pesos el dólar (unos 23 pesos el euro) durante los próximos dos años y la economía debería acercarse a un crecimiento del 2,1 % anual en 2017 y 2018. Los ejecutivos que se preparan para este escenario todavía instan a los equipos de dirección centrales a invertir en el mercado mexicano a la vez que observan con atención la evolución de las negociaciones comerciales y apoyan la búsqueda de influencia política en México y Estados Unidos.

Más allá de esos escenarios, la mayoría de las multinacionales preparan a sus equipos para, en resumen, una situación ventajosa para sus intereses y otra desventajosa:

  1. Un giro pronegocios. Si el TLCAN se renegocia relativamente rápido no incluye en gran parte medidas proteccionistas, la inversión extranjera en México de consolidaría y mejorarían las perspectivas de una victoria del PAN  en las próximas elecciones. Esto ayudaría a mantener el peso en una media de 19,5 pesos el dólar (unos 22 pesos el euro). El crecimiento económico podría aumentar hasta una media del 2,7 % anual durante los próximos dos años. En este escenario, las multinacionales doblarían las apuestas de inversión que habían pospuesto. El cambio aumentaría su capacidad de producción y, en particular, sus cadenas de suministro en México. e integrando sus servicios compartidos transfronterizos. Además, los objetivos de ventas y rentabilidad tendrían que ser más altos, especialmente en caso de producirse una estabilidad de la tasa del cambio y una amplia recuperación de la demanda nacional.

  2. Una guerra comercial basada en el ojo por ojo. Si las renegociaciones del tratado de libre comercio fracasan, eso provocaría serios problemas en la economía mexicana y abriría la puerta al populismo. El crecimiento económico se volvería negativo, hasta un -1.5% anual en 2017 y 2018, a la vez que el peso mejicano caería hasta unos 25 pesos el dólar (o unos 28 pesos el euro) durante los próximos dos años. En este escenario, que la mayoría ya deben de considerar altamente improbable, las multinacionales requerirían un reseteo estratégico completo de sus planes operativos a corto plazo. Tendrían que reevaluar las vulnerabilidades de sus estructuras actuales de la cadena de suministro, subir los precios debido al elevado coste de los bienes importados y reducir significativamente los objetivos de ventas. En caso de persistir el conflicto comercial, las multinacionales tendrían que empezar a reducir sus plantillas y México perdería prioridad como mercado. No solo como un destino para la manufactura estadounidense, sino también como mercado destacado en las carteras inversoras de las multinacionales.