La inteligencia artificial (IA) está transformando el automóvil. Y de paso, transformará mucho más que eso. Dado lo vital que es el transporte automotor para nuestras ciudades, comercio y vida diaria, afirmar que la IA transformará la vida tal y como la conocemos no es exagerar.

Para entender dónde nos podría llevar esta nueva forma de movilidad, es importante distinguir entre dos tipos de vehículos a motor basados en inteligencia artificial: los vehículos autónomos y los vehículos sin conductor. Los vehículos autónomos ofrecen la posibilidades de conducción manual y autónomo o automática. Una persona siempre ocupa el asiento del conductor. Por otra parte, los vehículos sin conductor carecen totalmente tanto de conductor como (algún día) de volante. Esta distinción es importante porque normalmente el conductor supone el factor más costoso para una empresa de transporte, ya sea un servicio de taxis, la logística de las entregas de última milla y el transporte de mercancías de larga distancia. Las capacidades de conducción autónoma pueden impulsar la seguridad y la productividad de los conductores. Al eliminar al conductor humano de la ecuación, las empresas podrían reducir costes hasta, y en función de la industria, un 60 %.

En combinación con la economía colaborativa, los vehículos sin conductor tienen la posibilidad de llegar a las calles organizados en flotas, lo que facilitaría su utilización en entornos urbanos. Esto augura un futuro de doble vía. Mientras que la economía colaborativa y los coches sin conductor convergerán y servirán a los 1.700 millones de personas que viven en grandes ciudades, el resto de la población también se beneficiará pero será en gran parte por las mejoras de seguridad de los coches autónomos que poseean.

Dónde y cuándo podrán implementarse

Las automovilísticas ya están desarrollando prestaciones de conducción autónoma para casos concretos, como la conducción por autovía y los vehículos de alta gama. Tal y como se esperaba, su adopción ha sido lenta porque su coste adicional limita la demanda, aunque su despliegue y expansión van en aumento.

Por el contrario, la adopción de los vehículos sin conductor depende de tres factores: la madurez de la infraestructura, la preparación tecnológica y la regulación. De los grandes mercados, Estados Unidos se encuentra a la cabeza gracias a una infraestructura madura y, hasta ahora, un entorno regulatorio propicio. Además, allí las tecnologías de conducción sin conductor ya se están sometiendo a pruebas a gran escala en entornos reales a fin de entrenar los algoritmos de aprendizaje de máquinas necesarios. Pensamos que Europa (salvo Reino Unido) avanza más rezagada que Estados Unidos debido a la mayor complejidad técnica de las ciudades medievales y las regulaciones que limitan las pruebas de campo. China e India aún se encuentran en proceso de desarrollar sus infraestructuras; requerirá un mayor esfuerzo adaptar la tecnología a sus complejos entramados urbanos

Lo que se tiene que tener en cuenta

Ha llegado el momento, por tanto, de que las juntas de dirección y las personas que las ocupan se hagan las preguntas difíciles necesarias sobre cómo puede afectar una nueva forma de movilidad a sus modelos de negocio. Preguntas como por ejemplo:

Infraestructuras. A medida que la movilidad cambia a nuestro alrededor, ¿cómo deberíamos abordar nuestros planes maestros para aeropuertos, aparcamientos, trenes de alta velocidad, energía, puertos, autopistas de peaje y demás? Estos planes tienen horizontes de inversión de entre 15 y 30 años o más. ¿Qué pasará entonces con la demanda, la tarificación y los patrones de uso en ese tiempo? ¿Cómo mitigamos los riesgos de nuestras inversiones? ¿Cómo podemos prepararnos para diferentes escenarios futuros?

Ciudades. ¿Cómo afectará la llegada de vehículos autónomos al tráfico? ¿Podremos asegurar sus beneficios frente al probable incremento de la demanda a medida que se reduzca su coste? ¿Cómo podemos gestionar su integración en las ofertas emergentes de "movilidad como servicio"? ¿Nos daremos cuenta de los beneficios de menos tráfico y contaminación? ¿Cómo tendrán que cambiar los modelos de tarificación? ¿Cómo tendrá que cambiar la planificación urbana?

Transporte. ¿Cómo complementarán los vehículos sin conductor las infraestructuras de transporte público existentes? ¿Cómo podremos seguir siendo relevantes en este futuro?

Fabricantes automovilísticos de equipamiento original. ¿Cómo nos podremos reposicionar para vender no solo vehículos, sino también movilidad? ¿Cuál es nuestro rol dentro de la cadena de valor: facilitador, gestor de flotas, proveedor de "conductores" sin conductor (frente a los fabricante de vehículos)? ¿Qué deberíamos comprar o con quién deberíamos asociarnos en lugar de hacer nuestro propio desarrollo? ¿Dónde y cómo podemos desarrollar una relación con las ciudades? ¿Cómo podemos ayudar los negocios a beneficiarse de una mayor automatización de los vehículos?

Mercado automovilístico posventa. ¿Cuál es nuestro rol dentro de un futuro urbano liderado por flotas? ¿Cómo podremos aprovechar las oportunidades que generan los vehículos conectados? 

Aseguradoras. ¿Qué medidas estratégicas deberíamos perseguir a medida que la mejora de la autonomía reduzca el número de reclamaciones relacionadas con el autómovil? ¿Qué productos serán más relevantes en un futuro en evolución en el que las flotas y la responsabilidad y seguridad del producto cobrarán mayor importancia?

Servicios financieros. ¿Cómo evolucionarán los patrones de propiedad de vehículo mientas los clientes millennials y de la generación Z se hacen con una mayor cuota del consumo de movilidad? ¿Cómo podemos financiar flotas de vehículos mediante contratos de arrendamiento y/o la titularización de la movilidad?

Energía. ¿Cómo cambia la confluencia de la autonomía, el vehículo compartido y la electrificación la mezcla de combustibles en las aplicaciones automovilísticas? ¿Cuál será nuestra huella como minoristas? En un mundo sin conductores, ¿cómo podrían los sistemas Vdel vehículo a la red (V2G, por su siglas en inglés) ayudarnos a crear nuevas formas de distribuir y almacenar energía?

Negocios minoristas y de productos de consumo. Si el nuevo esquema de movilidad puede reducir drásticamente los costes de distribución, ¿deberíamos replantearnos la cadena de valor de la industria y el acceso a la distribución de los clientes? ¿Cómo ha de evolucionar nuestra huella logística? ¿Cómo podemos ahorrar? ¿Qué propuestas nuevas podemos crear? ¿Qué segmentos de clientes podrían permitirnos desarrollar esta idea de "movilidad como plataforma"?

Atención médica. ¿Cómo pueden ayudarnos estos cambios a gestionar las necesidades de nuestra población cada vez más envejecida? ¿Cómo podremos utilizar los vehículos sin conductor para reducir los costes de la atención sanitaria?

Políticas públicas. ¿Cómo se adaptará nuestra sociedad a la pérdida de empleos en el sector servicios como resultado de la conducción autónoma?  ¿Qué nuevos roles podrían ocupar ese espacio? ¿Cómo podría la legislación facilitar esa transición?

Los vehículos modernos son más seguros y tecnológicos que nunca, pero la movilidad basada en inteligencia artificial promete un futuro libre de accidentes. Los sistemas de algunos disruptores ya rinden mejor que los humanos en carretera abierta. Es cuestión de tiempo que empecemos a observar cómo la llegada de taxis robóticos y vehículos autónomos comerciales revoluciona los modelos de negocio actuales. Es el momento de que empresas y ciudades se adelanten a la transformación.