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¿Qué se necesita para crear algo tan grande que genere un cambio en una comunidad, algo sobre lo que nadie de manera individual tenga mucho poder, algo tan grande que cambie la mentalidad imperante? Sabemos qué hace falta: un movimiento social. Los movimientos sociales no solo nacen de los líderes de la comunidad y los estudiantes universitarios. Los empresarios también pueden crearlos, como sucede actualmente. 

Hoy en día, está ganando fuerza un movimiento para que las empresas con fines de lucro se centren en tareas esenciales capaces de enriquecer a las sociedades. Es decir, no solo beneficiar a sus propietarios como las empresas que cotizan en bolsa, sino también a quienes trabajan en estas empresas y a quienes pueden beneficiarse de ellas gracias a la innovación impulsada con un propósito concreto. Como cualquier movimiento social, este comenzó con muchas personas haciendo pequeñas cosas. Solo tiene que pararse a mirar a su alrededor y podrá verlos:  

Los CEO y sus juntas deciden tomar partido deliberadamente. Tenga en cuenta, por ejemplo, la enérgica defensa de Paul Polman de Unilever de su filosofía comercial sostenible a largo plazo tras un intento de adquisición. Nótese los cambios de producción de largo alcance que Jean-Dominique Senard ha realizado en Michelin para empoderar e involucrar a los trabajadores. En China, observe la organización única de células emprendedoras que Zhang Ruimin ha creado en Haier y, en Francia, analice el éxito de Vinci Group, bajo la dirección de Xavier Huillard, con un modelo radicalmente descentralizado diseñado para fomentar la creatividad empresarial en sus 3.000 empresas asociadas. Vea también el compromiso de Rick Goings en Tupperware Brands para aumentar el empoderamiento económico de las mujeres tanto en las economías emergentes como en las maduras.

Redes y comunidades diseminan nuevas normas y nuevas formas de capitalismo. Desde la Coalición para el Capitalismo Inclusivo hasta la organización del Capitalismo Consciente, los grupos se forman con una misión (en palabras de este último) para "inspirar, educar y empoderar a las empresas para elevar a la humanidad a través de los negocios". Algunos diseñan nuevas formas de gobernanza para las empresas, como B corp y cooperativas. Nótese especialmente la gestión valiente e innovadora reflejada en empresas sociales como Sampark Foundation, donde el ex CEO de HCL Technologies Vineet Nayar, tiene la misión de inspirar a los niños de las zonas rurales de la India para que aprendan a pensar e inventar como innovadores frugales.

Pensadores del management que detallan los mayores desafíos de nuestro tiempo. Observe el cambio que está teniendo lugar en la conversación global sobre inteligencia artificial y otras tecnologías digitales avanzadas. Cada vez más, se insiste en que estas poderosas fuerzas deben aprovechar la creatividad humana en lugar de no aislarla. Las máquinas inteligentes pueden ayudarnos a encontrar respuestas más rápido, pero no pueden enmarcar las preguntas para abordarlas. Debemos usar estas tecnologías para liberar el potencial humano, sin duda el recurso más infrautilizado del planeta, y conseguir trasladar mejores propósitos, significado y valores al ámbito laboral.

Todas estas chispas de actividad generan luz y calor. Pero, ¿cómo pueden los numerosos pequeños movimientos convertirse en uno grande? Una de las respuestas a esta pregunta es que todos estos iniciadores de movimientos se den cuenta de que son parte de un movimiento más grande, que dejen de actuar individualmente en función de sus propios valores, y empiecen a trabajar de forma colectiva para cambiar las expectativas y los comportamientos. A menudo esto sucede cuando las personas, que por lo general se quedan al margen de una situación, perciben una amenaza real si no actúan y acaban sintiéndose motivados para unirse.  

Esto es parte de por qué la carta pública de Larry Fink a los CEO, enviada con motivo del 30 aniversario de su compañía de inversión BlackRock, ha generado tal reconocimiento. En ella señala la creciente amenaza planteada por los inversores activistas que presionan con tácticas de aumento de acciones a corto plazo sin tener en cuenta la viabilidad a largo plazo de las empresas. Los equipos de administración se preparan para estos asaltos, afirma Fink, cuando no logran articular estrategias convincentes a largo plazo, como visiones del futuro informadas por "un sentido de propósito". Además, el propósito significa para Fink un objetivo social. "Las expectativas públicas de las empresas nunca han sido mayores. La sociedad exige que las empresas, tanto públicas como privadas, tengan un objetivo social. Para prosperar con el tiempo, cada empresa no solo debe ofrecer un rendimiento financiero, sino también mostrar cómo hace una contribución positiva a la sociedad. Las empresas deben beneficiar a todas las partes interesadas, incluidos los accionistas, los empleados, los clientes y las comunidades en las que operan", escribe Fink.

Por supuesto, las ideas de que las corporaciones deben obtener su "licencia para operar" y prestar servicios a partes interesadas que van más allá de los accionistas, no son nuevas. Pero, como lo expresa Judy Samuelsen, "cuando el director de BlackRock, el mayor inversor en el mundo, dice que las empresas no solo deben producir ganancias, sino que también deben producir contribuciones a la sociedad, envía un poderoso mensaje". Enciende nuevos intereses y aviva a los movimientos existentes.

Los educadores e investigadores de la administración pueden sumarse al movimiento, si están a la altura de hacerlo. Últimamente las instituciones formales de educación gerencial han sido superadas por los pensadores que se encuentran fuera de la academia al idear nuevos marcos y métodos. Gran parte de las últimas innovaciones en la gestión han surgido en los márgenes de nuevas comunidades y grupos que desarrollan enfoques como el marco de desarrollo ágil (o Scrum), el desing thinking, la metodología lean start-up y los enfoques más allá del presupuesto, entre otros.

Sin embargo, como señala el investigador de Harvard (EE. UU.) Clay Christensen, el pensamiento gerencial carece de un lenguaje común y de teorías fundamentales; necesita urgentemente una base duradera para los investigadores, y práctica para seguir avanzando. Esta puede ser la mayor contribución de las universidades, junto con un amplio compromiso de enseñar la administración como arte liberal, una forma de pensar presentada por Peter Drucker. La tensión central para la administración no ha cambiado desde que Drucker escribió sus primeros libros: establecer un enfoque sistemático para lograr un desempeño colectivo en las organizaciones sin sacrificar el foco humano emprendedor, creativo y creado por la comunidad. En los últimos años, el equilibrio entre los dos polos se ha inclinado cada vez más hacia el lado tecnocrático y el impulsado por la lógica financiera.

¿Es posible que un movimiento social logre un capitalismo diferente con rostro humano? Nadie tiene todos los recursos para cambiar las organizaciones y la sociedad de la noche a la mañana. Pero colectivamente tenemos todo lo que necesitamos para generar este cambio a largo plazo. El pasado otoño, el gran teórico y narrador de gestión Charles Handy lo expresó muy bien en Viena (Suiza), en su discurso de clausura en el Foro Global Peter Drucker 2017. Handy instó a los gerentes a sentirse inspirados por el poder de sus empresas para marcar la diferencia: "Vamos a prender pequeños fuegos en la oscuridad, hasta que se extiendan y el mundo se ilumine".