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En un tribunal federal de San Francisco (EE. UU.), el sindicato de Trabajadores de Comunicación de Estados Unidos ha ampliado recientemente el alcance de una demanda colectiva presentada el pasado mes de diciembre contra algunos de los principales empleadores del país: una lista diversa de compañías que incluyen a Amazon, T-Mobile, Capital One y Enterprise Rent-a-Car, acusados ​​de dirigir deliberadamente sus anuncios de Facebook para excluir a los trabajadores mayores. Una investigación de ProPublica señaló que IBM ha expulsado discretamente a más de 20.000 trabajadores mayores en los últimos cinco años. Incluso ante todo lo que se ha escrito sobre la lamentable falta de diversidad y la "cultura de compañerismo masculino" que prevalece en la industria tecnológica, cabe señalar que las 150 compañías tecnológicas más grandes de Silicon Valley (EE. UU.) han enfrentado más acusaciones de sesgo de edad en la última década que de sesgo racial o de género.

Aunque la Ley Contra la Discriminación por Edad en el Empleo de 1967 prohíbe la discriminación contra personas mayores de 40 años, una encuesta reciente de la Asociación Estadounidense de Personas Jubiladas (AARP, por sus siglas en inglés) mostró que dos tercios de los trabajadores de entre 45 y 74 años dijeron haber visto o experimentado la discriminación por edad.

Aunque las demandas colectivas y el escrutinio periodístico riguroso son pasos en la dirección correcta, los esfuerzos para hacer cumplir la ley no son suficientes. Recordemos que la igualdad de derechos para las mujeres, los negros, las personas con discapacidad, los homosexuales y las lesbianas, entre otros colectivos, no se logró únicamente a través del cambio en las leyes, sino por un cambio en las actitudes que generalmente era anterior a la legislación.

Sin embargo, nuestra cultura, en este ámbito particular, se está quedando atrás. La marcha enérgica del progreso de la era industrial a la tecnológica ha creado un fuerte sesgo hacia los nativos digitales que entienden los gadgets y los gigabytes mejor que aquellos de nosotros que no crecimos con Apple en la infancia. Una paradoja de nuestro tiempo es que los baby-boomers gozan de mejor salud que nunca, se mantienen vibrantes y permanecen en el lugar de trabajo por más tiempo, pero cada vez se sienten menos relevantes. Se preocupan, justificadamente, de que los jefes o posibles empleadores puedan ver su experiencia y los años cronometrados que lo acompañan como un factor pasivo más que un activo. Temen ser cada vez más invisibles e incluso ser desechados.

En muchas industrias, especialmente en tecnología, uno puede sentirse "viejo" a los 35 años, incluso aunque pueda continuar trabajando a tiempo completo hasta que llegue a los 75. Los 40 años transcurridos entre estas dos cifras pueden parecer una frase prolongada que podría usar algunos signos de puntuación, especialmente en un mundo donde muchos de nosotros llegaremos hasta los 100 años de edad.

Vivimos más tiempo, pero el poder se está moviendo hacia los más jóvenes. Si bien la edad media de los empleados en Estados Unidos es de 42 años, esa cifra es 10 años inferior entre los gigantes tecnológicos. Un análisis de datos de Harvard Business Review mostró que la edad promedio de los fundadores de unicornios (empresas privadas con más de 1.000 millones de dólares –más de 857 millones de euros– en valoración) es 31, y la edad promedio de sus directores ejecutivos es 41 (en comparación con la edad promedio de un CEO de una empresa S&P 500 que es 52). El problema es que muchos de estos jóvenes líderes son empujados a puestos de poder mucho antes de que estén listos, con poca experiencia u orientación, y con la tarea de dirigir empresas o departamentos que están escalando rápidamente. Como un joven líder tecnológico me preguntó el otro día: "¿Cómo puedo mejorar mis habilidades de liderazgo?".

La respuesta: hay una generación de trabajadores de más edad con sabiduría y experiencia, conocimiento especializado y una capacidad incomparable para enseñar, formar y asesorar a los ambiciosos millennials con el fin de construir negocios hechos para perdurar.

Trabajando en la era del anciano moderno

A principios de 2013 volví a mercado laboral a mitad de mis 50 años como ejecutivo sénior en la start-up tecnológica Airbnb. Tenía dos veces la edad del empleado promedio y reportaba al cofundador y CEO, Brian Chesky, que tenía 21 años menos que yo. Lo que me faltaba en inteligencia digital, lo compensé en inteligencia emocional acumulada. La tutoría mutua que ofrecí y recibí me convirtió en lo que llamo un "anciano moderno": alguien que combina la sabiduría y la experiencia con la curiosidad, la mente de un principiante y la disposición de aprender de los más jóvenes. Con cinco generaciones que coexisten en el lugar de trabajo por primera vez, es esencial que adoptemos y desarrollemos más medios para dicha colaboración intergeneracional.

El cambio de actitud necesario para que florezcan los ancianos modernos debe comenzar con nuestro lenguaje. Es hora de eliminar los estereotipos de la palabra "anciano". Asociamos a los ancianos con ser mayores y con frecuencia dependientes de la sociedad, pero separados de los jóvenes. Por otro lado, la sociedad ha dependido históricamente de nuestros mayores, que han sido de utilidad para los jóvenes. Ya que, hoy por hoy, alguien que ingresa en un asilo tiene, unos 81 años de media, hay muchos ancianos productivos en que maduran en muchos aspectos, no solo haciéndose más viejos.

Entonces, ¿qué vendrá primero, los ancianos modernos o menos discriminación por edad? Dominar la capacidad de gobernar las organizaciones fomenta colaboraciones más significativas entre generaciones y crea las condiciones para una mayor sabiduría y éxito.

La discriminación por edad es una de las pocas que siempre va a afectarnos a todos. Tan profundamente divididos como estamos hoy, política y culturalmente, la eventual llegada de la vejez es una condición que nos une. Es hora de que adoptemos la edad como cualquier otro tipo de diversidad. La sabiduría nos precede y continuará después de que nos hayamos ido. La edad moderna necesita ancianos modernos.